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jueves, 26 de abril de 2012

Mi montaña rusa, mi ruleta rusa, mi ensaladilla rusa

Una montaña rusa puede ser algo peligroso. 

Cuando es tu montaña rusa particular puede ser mortal.

Cuando te encuentras en lo alto de tu montaña rusa particular y ves que el resto es bajada, el sudor frío que recorre tu espalda te proporciona un tembleque de padre y muy señor mio. 

Cuando llevas subiendo a lo más alto de tu montaña rusa particular varios meses, sientes en tu mano derecha un revolver de los de ruleta rusa, aunque mirando por el lateral parece haber más de una bala, con suerte no habrá seis sino cinco, reza lo que sepas. 

Cuando notas en tus ojos el picor de la nostalgia impotente y en tu corazón el inicio del desgarro bajo el esparadrapo, entonces tu cabeza amenaza con convertir las neuronas en ensaladilla rusa, perfecta para quien quiera comer el cerebro, porque poco más se puede sacar de ahí.

Cuando el viento racheado que sopla en lo alto de la montaña rusa amenaza con hacerte caer, y te corta la cara, y te hace lagrimear, escondiendo las otras lágrimas, entonces es cuando te das cuenta que llevabas mucho tiempo allí arriba, sin un temblor, sin un minimo susto, sin una minima duda, y eso no podía ser real.

Aqui arriba, mientras te preparas para la inminente caida, no puedes evitar mirar hacia abajo, aún sabiendo que el vértigo te dará mareos. Miras hacia abajo porque esta vez no quieres caer en ese sitio oscuro, en ese sitio tan profundo con las paredes lisas y resbaladizas, donde habitan viejos monstruos sin nombre.

Entonces es cuando coges tu iPad y te pones a escribir, da igual sobre que, sobre las tortillas de patata sin cebolla, sobre los dragones sin alas, sobre la leche sin nata y con vitaminas, sobre los comemagdalenas y los comegalletas, sobre la meditación zen y el T'ai C'hi, sobre los chiles habaneros y el azucar de caña, sobre el patxarán y el ¡no pasarán! de los indignados, sobre esto y aquello y lo de más allá, todo sea por conseguir que la vagoneta descienda poco a poco de la puñetera montaña rusa, casi sin darme ni cuenta, asi mientras me pregunto porque es rusa la montaña, porque es rusa la ruleta, y porque es rusa la ensaladilla, llego ya al nivel del suelo y recupero la respiración y el latido del corazón.

Naturalmente la nostalgia impotente de un pasado imposible de repetir sin condensador de fluzo sigue ahí, y ahí seguirá mientras lata mi corazón, pero burla burlando esta vez la caida esquivando, y eso está bien.

4 comentarios:

  1. Ah! que identificada que me siento hoy con todo lo que leo (tengo que leer cosas más alegres y menos inquietantes ¬¬ )jajajaja
    Pero esta suflé de rusas variadas me ha encantado, quién no ha sentido estar en la punta más alta y saber que lo único que puede venir después es la caída mortal?
    yo creo que estoy ahora en el subsuelo del subsuelo del subsuelo del último tramo más bajo de la maldita montaña de los cojones, pero nada, que excavo muy bien y pronto estaré (al menos) en tierra firme :P
    jajajajaj
    Un besote y gracias por estos textos tan geniales, a ver, si es que viniendo de ti, no podrían ser de otra manera XDDD

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    1. No me seas topo y tira ya parriba, leñe! Si hace falta te escribes un relato en el que aparece un mapa (que no sea el del tesoro, que en ese la X indica "cavar y cavar") sigues el mapa y acabas saliendo a un verde valle con pajaros silbando y olor de fresco. Go-go-go!!! :-)

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  2. Sofocante, enervante ... así es la vida en la cima de la montaña.
    Y hay algunos que suben a su montaña, empujados por otros, y esos, estimado, son los más desgraciados.

    Muy buen texto

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  3. Muy bueno el efecto de la lentitud de la subida, el eterno momento antes de caer y por supuesto ese descenso vertiginoso hacía el abismo... aunque siempre esperamos que al final nos encontremos algo más que oscuridad y vacio.

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