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jueves, 17 de febrero de 2011

En invierno me pongo malo...

Hay una epoca del año, entre estaciones, parte invierno y parte primavera, en que a mi me coge como una enfermedad, no es una alergia, creo que tampoco es una alucinación, ni una insolación, pero es algo que me afecta profundamente, me duelen los ojos, de pronto me cuesta respirar o bien me da hipo, me entran sudores y palpitaciones a cada rato.

Pasa que, casi como si se pusieran todas de acuerdo, empiezas a ver por todos los sitios una invasión de "gatas con botas", como las llama una amiga. Yo reconozco no tener otros adjetivos más allá de los estrictamente onomatopéyicos y guturales, mi capacidad de lenguaje se ve afectada, me puede más el cerebrín subumbilical que el supranasal.

La vestimenta que las acompaña suele ser la misma, pantalones vaqueros con botas, azul con marrón o azul con negro, alguna que otra falda o vestido por debajo de la rodilla. Las minifaldas aparecen más tarde, con el calorcito de la primavera, cuando uno piensa que ya hace demasiado calor para llevar botas, aunque yo no le pongo pegas a eso...

Lo que afecta a mi salud, lo que me altera, son las botas..., ay! esas botas..., botas..., botas por doquier, la invasión acecha por mi izquierda, por mi derecha, por delante, el pulso se me acelera, la respiración se hace dificil, la conversación con los compañeros se vuelve dispersa..., y es que aunque suelo ser multitarea, mis sistemas colapsan completamente ante algo asi...

No me pasa con todas las botas, no con cualquier bota..., de entrada hay que descartar las botas de agua, las katiuskas como las hemos llamado en mi familia toda la vida, esas despiertan en mi recuerdos de infancia y poco más. Igual suerte corren los descansos o botas para la nieve, con su corta altura y su aspecto acolchado. Ni hablemos de los botines, que como su nombre indica, no son botas, que tendrian un capítulo aparte si te los encuentras combinados con un chandal, casi mejor si borramos esa imagen mental antes de traumatizar nuestro sentido estético.

El resto..., el resto de modelos son algo para deleitarse, para alucinar y dejarse llevar..., desde las clásicas botas de montar (aunque dudo mucho tengan caballo, aunque no lleven la fusta en la mano, las botas de montar son algo especial) a las botas de mosquetera, unas botas por encima de la rodilla que si las piernas acompañan es algo digno de admirar.

Ahora bien, la combinación suprema, por encima del clásico pantalón beige con botas de montar, son las botas arrugadas con leggings y una camisa blanca con cinturon negro. Solo imaginarlo ya se produce un fuerte impacto en mi sistema respiratorio (entre otros "sistemas").

El problema más grave con mi salud es que en invierno me pongo malito..., en primavera aún no me he recuperado..., y a la que me descuido llega el veranito y aunque las botas desaparezcan..., llega el cambio a ropas más frescas..., y entonces el problema ya no son las botas...


2 comentarios:

  1. Amigo Quanta, me temo que existen botas de verano...

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  2. cierto, botas de verano, aunque no cubre todo lo que debieran ...

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