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miércoles, 13 de junio de 2012

Noticias de un universo alternativo (XIII)


La crónica de este mes será un poco especial porque la historia no es de este universo, y no se trata de una frase impactante de un relato inventado, sino de una ¿sencilla? realidad. 

Los lectores de esta revista sabéis de la existencia de los 7 Universos interconectados, algo teorizado hace casi un año por el Doctor Takeshi Martinez y descubierto poco después gracias al caso de los neutrinos hiperveloces. Seguro que muchos habéis leído las crónicas de los corresponsales que se han desplazado a universos como el quinto o el séptimo, y os habréis sorprendido con las grandes similitudes así como con las extravagantes diferencias, en lo cultural especialmente.

Sin embargo, hasta ahora poco se sabía del sexto, más allá de ciertos contactos a nivel científico. Estrechar las relaciones entre universos es una tarea que lleva su tiempo, donde prima el Principio de Minima Acción, y hasta la fecha los del sexto no parecían tener especial interés en nosotros, al menos si hacemos caso de sus excusas, que eran todas ellas variantes de lo mismo: "No tenemos tiempo".

Bueno..., pues ya tienen tiempo. Ya se han intercambiado delegaciones diplomáticas y comerciales, y poco a poco vamos aprendiendo mutuamente unos de otros. Pero vamos a lo que importa, vamos a lo que os quiero explicar de ellos porque es muy interesante.

Según nos cuentan y por lo que ya se conoce de su cultura, su nivel de alfabetización ronda el cien por cien, tan solo viven ajenos a ello unos pocos cientos de miles de habitantes de una región del trópico, por propia elección vital. Su plan de estudios mundial, lo llaman LSC por Ley del Sentido Común, no ha cambiado de manera significativa en los últimos 100 años, y su base potencia aspectos como Lectura, Escritura, Imaginación y Pensamiento Crítico.

Con un plan de estudios como el que os comento, no es de extrañar que tanto la lectura como la escritura sean piezas clave de la cultura, hasta el punto que en su Declaración Universal de Derechos Humanos aparece el de "Escribir un libro, y que sea leido".

Sin embargo, casi nunca hay blancos y negros, ni en este universo ni en el sexto, y con el tiempo sucedió lo que sucedió. Al fenómeno lo llaman La Burbuja, pero a diferencia de la de aquí, la suya es un poco especial y os explico como apareció, como creció, y como ha explotado en fechas recientes.

Como os decía, leer y escribir son sus dos mayores pasiones, ocupan gran parte de su tiempo libre en ellas y son buenos, muy buenos, en ambas dos. Pero de ambas, a la que le dedican más tiempo es a la escritura, y todos escriben casi cada dia, y por tanto crean casi cuatro novelas por año. 

La población mundial, casi toda alfabetizada, lectora y escritora, ronda los cinco mil millones de almas. Haced los cálculos y vereis el problema: Una inmensa burbuja de casi quince mil millones de novelas anuales (los crios de menos de 4 años no escriben), todas ellas clamando por el Derecho Universal de Lectura casi como aqui se lucha por el derecho al techo bajo el que vivir.

Por lo que he podido escuchar, oficiosamente, de mis fuentes en la delegación comercial, aquí vamos a ver muchos cambios en el panorama de las letras. Si no lo he entendido mal, los del sexto están dispuestos a contratar en nuestro universo lectores de sus obras, sea pagando de su bolsillo, sea a través de contratos gubernamentales de promoción de los derechos universales.

Hasta ayer mismo, la vida de los escritores en nuestro universo era algo complicada, con la llegada del libro digital, cuando lo mismo los adolescentes rebeldes que las amas de casa que los carpinteros que los astrofísicos podían publicar lo que escribían (todos somos escritores, todos somos entrenadores de fútbol), haciendo que el volumen de la oferta saturase el mercado, casi como cuando vas a un Starbucks y tantas variantes te complican que café tomar.

Desde hoy mismo, con los del sexto desembarcando sus miles de millones de libros, el oficio de escritor, al menos en nuestro universo, se verá abocado a una profunda reconversión, quizás incluso a su desaparición. Claro que, por otra parte, la idea de que te paguen por leer no deja de tener su atractivo.
Ezequiel Gomez
Colaborador de la revista ¿Lees o escribes?, 
Universo 3, Barcelona

miércoles, 30 de mayo de 2012

La curiosa historia de una oficina con historia


En un país casi sin industria ni agricultura no parece arriesgado decir que, o curras en un bar, sirviendo cafés, o trabajas en una oficina, moviendo papeles. Bueno, si no estás en el paro, sino también moverás papeles, y te servirás, en lugar de cafés, alguna tila.

Así pues la mayoría de los que me lean tendrán su propia imagen de lo que es una oficina: mesas de color madera hechas de vaya-usted-a-saber, sillas de tortura presuntamente ergonómicas, una máquina multiusos (fotocopiar caras es uno de ellos), algunas plantas de plástico verde (la tierra por el suelo queda mal) y una máquina de donde sale algo que se ha dado en llamar café de oficina a falta de un término que no sea malsonante.

Casi todas las oficinas son espacios funcionales, y suelen llamarse inteligentes. Tanto como para asarte en primavera porque no toca encender el aire acondicionado hasta julio o pelarte de frío cuando el calendario dice que todavía hace buen tiempo para encender la puñetera calefacción.

La mayoría tienen grandes ventanales que ofrecen los beneficios de la luz solar y deslumbran tanto que debes ponerte de lado para intentar ver algo en tu pantalla porque el listo que organizó las mesas visitó el despacho de noche o era ciego.

Lo anterior es de lo más normal, te choca la primera vez que lo vives pero luego, cuando lo comentas con los amigos o la familia, ves que se ríen y te dicen "¿en tu oficina también?", y despiertas a la realidad de la matrix y ves que las idioteces supinas son comunes como la sal. Que ya que estamos me vais a permitir aproveche la frase y me pregunte ¿por qué narices se les llama idioteces supinas, es que la posición prona no permite al cerebro soltar idioteces?

En mi caso, sin embargo, mi primera experiencia laboral en una oficina fue..., ¿cómo podría decirlo? algo especial, y me dejó una marca imborrable.

Llegabas a la puerta de la calle y te entraba la sensación de entrar en un santuario, al pasar por una pequeña puerta que se abría en unas inmensas puertas de madera maciza que debían pesar tres toneladas.

Caminabas unos pasos, subías un par de inmensos escalones, y te enfrentabas con la primera prueba de los círculos del infierno: el ascensor. 

Quizás pensareis que soy un gallina, pero a ver con que agallas os meteríais vosotros en un ascensor de plaza y media, con banco de madera, puertas plegables de madera, paredes de madera y suelo de madera. Nunca me atreví a mirar hacia arriba pero me temo que las poleas también eran de madera, y mientras esa infernal máquina subía hasta el tercer piso yo daba gracias a las enseñanzas salesianas, rezando todo lo que sabía. Mi mayor terror era que las puertas, algo desajustadas, se abriesen a medio camino, ya que eso bloqueaba el lento viaje.

¿Subir andando, decís? ¿Subir andando hasta un tercer piso que en realidad era un quinto al haber entresuelo y principal, con escaleras estrechas mal iluminadas, cuando fumaba casi dos paquetes al día? De algo hay que morirse, si no era el tabaco que fuese el ascensor.

Después de ese viaje llegabas a la oficina, y le llamo oficina porque para eso lo usamos, pero en realidad era un piso de hace un par de siglos (había escrito siglo pasado, pero lo he tenido que cambiar, ¡cómo pasa el tiempo!), así que lo que en una oficina se llaman despachos aqui era más divertido, el salón era el despacho de los administrativos, el comedor era el de los informáticos, las dos habitaciones pequeñas servían de archivadores y la habitación de matrimonio..., bueno, eso daría para otra historia y todavía estamos en horario infantil.

Una cosa buena sí tenía esa oficina, cuando en otras aún no estaba permitido ni había espacio para ello, ésta tenía una cocina "de las de antes", con muchos armarios para almacenar, entre otras cosas, el indispensable alimento del oficinista (el café). En esa cocina nosotros desayunábamos cada día unos suculentos bocatas de pan crujiente untado con tomate y aliñado con aceite y sal, en el que depositábamos finas lonchas de un jamón recién cortado, manjar que acompañábamos con un vaso de tempranillo (o dos) y finiquitábamos con un café y un cigarrillo (sí, chavales, hablo del siglo pasado, cuando aún se podía fumar en el trabajo). En esa oficina, además, tomábamos café con olor y sabor a café de verdad, y los cortados los hacíamos con leche condensada.

Pero no todo podía ser positivo, así que nuestra oficina tenía algunas cosas peculiares, que comentábamos entre nosotros haciendo las típicas bromas tontas y sin gracia con las que sin embargo todos reíamos.

Una de esas cosas era el colmo del pijerío y el más que seguro trauma psicológico del pobre hombre que vivió allí. Imaginaos un cuarto de baño..., ¡¡¡con moqueta!!! El material, rojo como la sangre, no se bien si era de terciopelo o de simple raso o de cualesquiera de esos nombres que yo, en mi condición de hombre, ni conozco ni nunca podré llegar a diferenciar. No puedo imaginarme el miedo del pobre tipo al ir al cuarto de baño, aunque supongo que finalmente se decidió por hacerlo sentado, e incluso entonces, tuvo que usar un poco de papel higiénico para secarse esa maldita gota y no enfurecer a su señora.

La otra peculiaridad de la oficina..., bueno..., ésta todavía me produce escalofríos ahora que la rememoro y estoy seguro que no es a causa del ventilador que tengo encendido para pasar el calor primaveral.

En esa oficina..., en ese cuarto de baño enmoquetado..., había una bañera de esas grandes, pero grandes grandes, no las muestras de minimalismo que ahora ponen en los pisos que parece debas ser un yogui y en las que ni te planteas darte un largo y sensual baño con tu pareja por miedo a quedaros encajados sin poder salir.

Desembarcamos en esa oficina llevando sillas y mesas desmontadas, archivadores y cajas de cartón..., y cuando entramos al baño después de montar las mesas y sacar el polvo a las habitaciones, pensando en lavarnos las negras manos..., el primero que entró llamó a su compañero más cercano, éste a su amigo, el otro a dos más, y nos reunimos como doce en el cuarto de baño (sí, era un cuarto de baño inmenso) todos mirando la bañera... llena de un líquido pardusco, entre rojo y marrón, en algunas partes más rojo que marrón, en otras con tonos casi negros y un aspecto denso, no de agua sino de algo..., que casi parecía vivo..., que casi parecía moverse.

Estuvimos dos años en esa oficina. Nadie, ni nosotros, ni nuestro jefe, ni la casera, nadie se atrevió nunca a pedir que desatascaran la bañera. Nosotros entrábamos a usar el lavabo pasando el tiempo imprescindible y si nos quedábamos tarde a trabajar solíamos ir al bar que teníamos debajo, ya que la bombilla del cuarto de baño daba poca luz y entonces el líquido de la bañera parecía intentar acercarse a nosotros.

Recuerdo una vez, cuando todavía no teníamos miedo sino ignorancia, ese día llovía a cántaros, y un compañero, al llegar, colgó su impermeable, chorreante, de una percha que había encima de la bañera. El caso es que, al irse por la tarde, el impermeable había desaparecido. Hicimos la broma de que estaba en el mismo sitio que los paraguas que desaparecen, pero el líquido de la bañera tenía un color diferente, y ese día comenzó nuestra particular historia de terror en la oficina.

Unos años más tarde, investigando viejos periódicos de hace dos siglos para una de mis novelas de terror, di con la noticia y todo quedó claro para mi: El marido de la condesa de Montiel había desaparecido de su domicilio y nunca se volvió a saber de él. La condesa se trasladó a su torre en la zona alta de la ciudad, pusieron el piso en venta y, como no se vendía, acabaron poniéndolo en alquiler. La dirección y piso coincidian con las de mi primera oficina.

Así que, en mi primer trabajo, me pasé dos años meando al lado de un conde, bueno, al lado de lo que podría llamarse un conde líquido, es decir, liquidado. En las charlas en la cocina siempre dijimos que quien tuviese huevos que metiese la mano en la bañera, pero creo que todos sabíamos, sin saber, que la bañera era peligrosa.

viernes, 25 de mayo de 2012

El rumor de los insectos nocturnos


Hace unos días me presenté a un concurso de relatos, la III Edición concurso relatos de Infectados Blog (http://infectadosblog.blogspot.com.es/2012/05/tercera-edicion-concurso-de-relatos-de.html) un concurso en el que los relatos debían ceñirse a una temática muy particular (Lovecraft y Arkham) Se presentaron un total de 18 escritores, y hace un rato han salido los resultados (Otros 3 - Gustau 0). Aqui teneis el relato con que participé, espero que os guste un poquito. 

El rumor de los insectos nocturnos

La luz del flexo enfocaba el sillón de lectura, el resto del despacho estaba en penumbra, y la ventana mostraba que la tarde era de un gris azulado, augurando otro día de esa llovizna ubicua que te moja, con paraguas o sin él, y te deja el alma triste.

El sillón estaba ocupado por un hombre de mediana edad, barba de tres días con algunas canas y unas gafas graduadas de estilo Lennon. En su regazo reposaba un libro antiguo de páginas amarillentas con escritos en tinta roja. En la página abierta el título rezaba “Ars Goetia”, y seguía una larga lista de nombres como Asmodeus, Belial o Astaroth.

El profesor Cornelius Floavert estudiaba libros oscuros, libros imposibles, libros que no existían. Los había leído casi todos, desde “El libro de Eibon” a “De Vermis Mysteriis”, pasando por los “Manuscritos Pnakóticos”.

Pero había un libro que todavía no había podido estudiar, uno del que ya dudaba de su existencia, el que muchos llamaban “La Ley de los Muertos”.

Enfrascado como estaba leyendo el arte de la brujería, analizando cada unos de los 72 demonios allí anotados, no escuchó el ligero ruido a su izquierda. Pero su visión periférica captó el sobre que alguien coló bajo la puerta.

Sabía que por mucha prisa que se diese, no vería al mensajero, que tan solo sería alguien pagado por el autor de la misiva. Así que cerró el libro con cuidado, lo depositó en la mesita frente al sillón, y se levantó, con el típico quejido de quien ya empieza a sentir en las articulaciones el paso del tiempo y la humedad del clima.

El sobre, de suave color beige, estaba lacrado, algo que ya no se veía mas que en las películas de tiempos antiguos. Curiosamente el lacre no era rojo sino negro, y en lugar del típico sello con escudo nobiliario, mostraba lo que parecían ser varios pentagramas entrelazados.

El papel en su interior solo tenía dos líneas escritas en rojo sangre. En la primera línea aparecían unas coordenadas (42º 40’ 5” N y 70º 53’ 51” O), y en la segunda, con un trazo irregular, un nombre, que parecía de origen árabe, algo así como Zahr-ad-Din.

Aunque la grafía era extraña, se parecía a un apellido imposible, lo mismo que la imagen del sello en el lacrado del sobre. Tenía que ser una broma estúpida de alguno de sus alumnos, que sabían de su debilidad por ese libro.

Sin embargo…, sin embargo, tenía el presentimiento de que el sobre era auténtico, ninguno de los imberbes “biebercillos” que poblaban el campus de la universidad de Syracuse hubiera usado el apellido en su grafía más desconocida, en su lugar habrían escrito el más común, Al-Hazred.

Le quedaban varios días de vacaciones ese año, como cada año, así que la idea de un road trip le apetecía bastante, tenía que comprobar en el mapa donde le llevaría esa aventura.

A la semana siguiente, una vez reorganizadas las clases con el visto bueno del rector, hizo una pequeña maleta, la puso en la trasera de su BMW i8 Spyder, encendió el navegador, y salió derrapando mientras gritaba “¡Arkham, allá voy!”.

Varios días y muchas millas más tarde estaba en Nueva Inglaterra, en el condado de Essex, de camino a un lugar arcano e inexistente. El extraño mensaje que recibió la semana anterior le invitaba a descubrir ese libro y le indicaba unas coordenadas muy concretas. Su navegador entendía esos datos además de los nombres de ciudades y calles, pero insistía en que en el destino, unas millas al norte de Salem, no había ningún pueblo.

Un par de millas después de dejar Salem por la ruta 107, Cornelius llegó a ver un letrero que ponía Innsmouth, Pop 108, aunque no vio ningún desvío, ni llegó a ver nunca ese pueblo. No le importó demasiado, ya que no soportaba el pescado crudo, y menos aún si éste caminaba por las calles.

Al llegar al cruce de Aylesbury tuvo especial cuidado para no tomar el desvío incorrecto, y giró a la izquierda cuando el navegador le sugirió la derecha, así consiguió evitar el pueblo de Dunwich y no encontrarse con el Dios de las burbujas brillantes, con alguien tan dado a los sacrificios humanos es un riesgo estar muy cerca, por mucho conocimiento que te pueda regalar si está de buenas.

Viniendo de Innsmouth, el navegador le hizo cruzar el río y entrar en la ciudad por la calle West, para luego hacerle girar a la izquierda en la calle Church, aparcando delante de la universidad.

Casi no lo podía creer, el lugar realmente existía y él estaba allí, y si ese allí existía, entonces…, entonces el libro también, y en breve podría leerlo y descifrar sus conjuros. Temblaba de anticipación, temblaba de excitación, y temblaba de frío.

Lejos quedaban los infructuosos viajes a Buenos Aires, Paris o Harvard, donde no había encontrado más que entradas falsas en las fichas de sus bibliotecas, con signaturas topográficas apuntando a estanterías inexistentes. Por no hablar del inútil viaje a California, donde un surfista se las dio de bromista añadiendo una entrada en la sección de religiones primitivas donde, por descontado, no existía ningún libro como el indicado.

Pero esta vez no había ninguna duda, estaba en un lugar que no existía, así que por fuerza el libro imposible debía ser real y estar cerca de donde él estaba, a las puertas de la Universidad de Miskatonic.

Subió los escalones de la entrada lentamente, cada paso como una reverencia, y cruzó las inmensas puertas abiertas con cierto miedo a que se cerrasen con él en medio. Caminó sin rumbo fijo por el inmenso lugar, sus pasos resonando en el silencio.

El silencio…, desde que había cruzado el río el silencio se había hecho el amo y señor, ningún pájaro piando, ningún perro ladrando, ningún niño gritando. Claro que tampoco se veían pájaros, perros o niños. Ni siquiera la brisa movía los árboles de hojas polvorientas, solo se oían sus pasos y el latido de su corazón.

Tampoco se oía ni veía a nadie por los pasillos de la universidad, y sin embargo no parecía un lugar muerto, era como si lo hubieran abandonado hacía escasos minutos. Al pasar al lado de un aula con la puerta abierta, Cornelius incluso pudo ver el polvo de tiza cayendo de la pizarra, donde se podía leer Prof. Al-Hazred, y debajo, Cthulhu 101.

Al-Hazred, ¡era quien le había enviado la invitación la semana anterior! ¡Dios mio!, ¡era alguien real!, ¡existía! Tenía que encontrar su despacho, estaba convencido de que el libro estaría allí, seguramente en una urna de cristal y con un conjuro de protección.

Subió lentamente las escaleras de mármol negro hasta el segundo piso, casi conteniendo la respiración, expectante, y siguió las indicaciones hasta el ala de literatura fantástica. Primero pasó por el despacho de un desconocido Prof. Esteban Reyes, luego por el de un tal Prof. Edgar Crow, y finalmente encontró el despacho que buscaba, el despacho del Prof. Abdallah Zahr-ad-din.

Cornelius tenía la boca seca y el corazón le palpitaba acelerado desde hacía rato. Pero al poner la mano en el picaporte las pulsaciones se redoblaron, y la expectación dejó un resquicio al miedo a lo desconocido, y ése miedo atávico se instaló en su alma.

Mientras abría la puerta del despacho del profesor, el silencio sepulcral de las últimas horas dejó de ser silencio para ser otra cosa, un extraño y sordo zumbido que parecía llegar de todas partes y hacerse sentir en todo el cuerpo, como si todo él vibrase. Ajeno a ese zumbido, Cornelius se sentía a escasos momentos del summum de sus investigaciones, y una fuerza parecía guiarlo hacia la penumbra del fondo de la sala.

El libro estaba protegido por una urna de cristal, tal como Cornelius había supuesto. Era bellísimo, con una tapa de cuero marrón desgastado por los siglos, con bordes negros y con un cierre tachonado con estrellas plateadas, más unos extraños pentagramas superpuestos y algunos símbolos que desconocía. Mirándolo más de cerca, confirmó las sospechas que se tenían, aquello no era cuero, la tapa era de piel humana curtida. Así que lo más probable es que también fuese cierto el que sus páginas fueron escritas con sangre humana.

Cornelius se puso de caras a la urna, con los brazos extendidos como en una invocación y cerrando los ojos recitó, en perfecto castellano antiguo:

“De los Primeros Engendrados, escripto está que esperan siempre al unbral de la Entrada, é la dicha Entrada se encuentra en todas partes é en todos tienpos, ca Ellos non conosçen tiempo nyn lugar, sino esisten en todo tiempo é en todo lugar, a la ves é syn paresçer, é los ay dEllos que tomar pueden diferentes Fformas é Maneras, é revestir una Fforma dada é un Rrostro sabido” 

Al acabar la invocación, la urna había desaparecido, y el libro aparecía abierto, mostrando una página con unas frases que Cornelius identificó como sumerias.

Dando tres veces la vuelta sobre si mismo, Cornelius Floavert escribió en el libro un anagrama con su apellido y la inicial de su nombre, y acto seguido se dispuso a recitar el conjuro en voz alta:

! Oh Tú que moras en la oscuridad del Vacío Exterior! Acude a la Tierra una vez más, Yo te lo ruego.

¡Oh Tú que habitas más allá de las Esferas del Tiempo! Escucha mi súplica.

¡Oh Tú que eres la Puerta y el Camino! ¡Acude! ¡Tu sirviente te llama!

¡BENATIR! ¡CARARKAU! ¡DEDOS! ¡YOG-SOTHOTH! ¡Acudid! ¡Acudid! ¡Pronuncio las palabras, Rompo Tus vínculos, el Sello ha sido apartado, pasa a través de la Puerta y penetra en el Mundo; he hecho tu poderoso Signo!

¡Zyweso, wecato keoso, Xunewe-rurom Xe-verator, Menhatoy, Zywethorosto zuy. Zu-rurogos Yog-Sothoth! Orary Ysgewot, ho-mor athanatos nywe zumquros, Ysechyroro-seth Xoneozebethoos Azathoth! ¡Xono, Zu-weret, Quyhet kesos ysgeboth Nyarlathotep! Zuy rumoy quano duzy Xeuerator, YZHETO, THYYM, quaowe xeuerator phoe nagoo, Hastur! 

¡Hagathowos yachyros Gaba Shub-Niggurath! ¡Meweth, xosoy Vzewoth!

¡TALUBSI! ¡ADULA! ¡ULU! ¡BAACHUR!

¡Acude Yog-Sothoth! ¡Acude!

El rumor fue subiendo de frecuencia, ahora se trataba de un zumbido inconfundible, no porque Cornelius lo hubiera escuchado nunca sino porque había leído sobre los djins y así era como se decía que sonaban. Su palidez evidenciaba ese conocimiento en la forma del más absoluto terror, aunque en sus ojos brillaba la felicidad al haber comprobado la realidad de aquel libro.

De sus páginas brotó, zumbando cual enjambre de mosquitos, un remolino gris, que envolvió a Cornelius y lo hizo desaparecer entre gritos que evidenciaban el dolor de quien sigue vivo mientras se hace pedazos y se enfrenta al misterio final de la entropía.

Los gritos desaparecieron en el remolino, el enjambre volvió al libro, cerrándolo, y formando sobre la tapa las palabras Kitah Al-Azif, devolviendo el sepulcral silencio a la ciudad de Arkham.

Mientras sucedía todo eso, deliberadamente ajeno a todo ello, Yog-Sothoth se entretenía viendo la Super Bowl desde un pub en Dunwich. Ser omnisciente no permitía saber el azaroso resultado de un partido, pero ciertamente si permitía saber cuando un vanidoso mortal invocaba de forma incorrecta a un Dios Exterior.

viernes, 18 de mayo de 2012

Las felices borracheras de los viernes


Hay borracheras..., y borracheras. Están las borracheras tipo AsturiasPatriaQuerida, por muchos vividas, por todos conocidas. Estan las borracheras OsQuieroMuchoAmigosDelAlma, a veces con lagrimillas, a veces solo con voz emocionada. Están las borracheras NoMeAcuerdoDeNada, que normalmente implican como fase previa el estado AbrazaFarolas, al menos según explican los amigotes, que tu no te acuerdas.

Pero luego están mis borracheras del viernes tarde, mis felices borracheras, las que recuerdo, en las que no hago el ridículo ni abrazo objetos inanimados, las que no me dejan resaca ni el estómago revuelto, las que me convierten en un tipo nuevo, las que casi son una transfusión, las que crean adicción, las que os recomiendo con fervor, porque son borracheras felices.

La receta del cóctel es sencilla pero los ingredientes no son muy comunes, así que estad atentos y cuando los encontreis haceros con una buena provisión para tenerlos siempre a mano y poder disfrutar de ellos. Se recomienda tomarlo al menos una vez al mes, aunque solo sea una pequeña copita, incluso un chupito.
El ingrediente básico es combinar 1.5 amigas por cada amigo, pueden tener una belleza clásica o una abstracta pero deben ser ingeniosas; si además están buenas entonces mejor combinar en un ratio 1:1.

Se añade un local espacioso y cómodo, donde se coma bien y se beba mejor, y entonces, además de lo que puedan disfrutar las papilas gustativas, se añade el ingrediente secreto y ya os podeis emborrachar todos como cosacos.   

El ingrediente secreto es una mente despierta, libre, algo alocada, un puntito transgresora, y haberse dejado el ridículo en la puerta de entrada, donde se dejan los paraguas (asi alguien quizás se lo llevará). Si añadís eso al cóctel y agitais suavemente, os encontrareis "ligando mentes", incluso "frinkando mentes".

Entonces es posible que os paseis más de tres horas en un suspiro, bebiendo como cosacos, cogiendo una borrachera de campeonato, una borrachera de risas continuas y sin vergüenza. Entonces sereis unos borrachos felices, relajados, divertidos, que vuelven a casa paseando bajo el atardecer del viernes, orgullosos de haberoslo pasado tan bien como siempre en las borracheras de los viernes, habiendo bebido cerveza sin alcohol y agua con limón.

jueves, 17 de mayo de 2012

#Microrretales


Hace unos días participé con varios microrelatos en el I Concurso de Microrretales, convocado en Twitter por Francesc Barberá (@Fran_zesk) donde escribimos 60 personas con un total de 377 microrelatos.

Hace unos minutos han fallado el premio y, por desgracia, no me ha tocado ni la pedrea (Nobody's perfect, even myself). Muchas felicidades a la ganadora (Lola Sanabria), así como a los 2 finalistas y las 3 menciones honoríficas.

Podeis leer esos microrelatos en la página:
     http://microrretales.wordpress.com/2012/05/17/fallo-del-i-concurso-microrretales/

A continuación, publico los microrelatos en el orden en que los fui creando durante la semana del concurso, espero que os gusten aunque sea un poquito.

#Microrretales Te amé, amor, adorándote. Me amaste, amor, alejándote. Te amo, amor, recordándote. Me amas, amor, ¿escondiéndote?

#Microrretales Viajó 30 años por el mundo, buscando la iluminación. Al volver a casa, vió la luz. La factura lo llevó al satori.

#Microrretales Mientras Isabel Canta Rollin On 'a River, Ramón Entona Tangos. Atento Los Escucho, Sonriendo. (micro autoreferente)

#Microrretales Tengo conmigo el más bello relato jamás escrito, pero no va a caber en este espacio. Lo mismo me dijo ayer Marta.

#Microrretales Buenos dias, Sol. Cuanto amas a la Luna, y nunca os vereis (haiku)

#Microrretales Política ficción: Haré lo que finalmente haga, dijese lo que dijese sobre hacer o deshacer. ¡Viva la Revolución!

#Microrretales Era un genio de la música y la física, casi tenía la fusión fría. Cambió de dia, dejó de ser "el niño de 5 años".

#Microrretales .cables los cruzaron le se pero, izquierda a derecha de escribe quien piensa como entender Quiso

#Microrretales El pianista era un genio, sus notas creaban azules espirales, mientras ella saboreaba el dulce cerezo de la silla. 

#Microrretales El gato en la caja estaba medio muerto, hasta que el cabrón del físico abrió la caja y lo remató.

#Microrretales No ficción: El traductor automático de páginas web cogió una "Coca Cola" y creó la "Coca Tail".

#Microrretales Le dijeron: Él sobre ella. Ella, feminista radical, vertió agua sobre ácido sulfúrico. Se quemó la cara.

#Microrretales Cambió de universo en patera cuántica por la crisis. Su hipoteca multidivisa le siguió. Le embargaron un riñón.

#Microrretales Paco, el Guinness de la eyaculación precoz. Como los neutrinos, llega 60 nanosegundos antes de verla.

#Microrretales Le quitaron a su hijo, no coincidia su ADN. Coincidia con el de la abuela. La madre era un 2x1, una quimera.

#Microrretales Prohibido hablar con el conductor. Un día Paco se llevó el cartel a casa. Ahora vive sin quejas ni gritos.

#Microrretales ¿Que te pongo? Un destornillador y unas patatas. Me trajo uno de punta plana, y unas patatas. ¿Camarero?.

#Microrretales Paco abrió un viernes su Twitter y vio que su nombre era #TT en Microrretales. Reclamó derechos de autor.

#Microrretales Luis se enamoró de María por internet. María resultó ser Manolo. Luis y Manolo se casaron. Tienen un hijo.

#Microrretales Un relato erótico le puso palote. El siguiente iba de un lector excitado que dejaba de respirar. Lo entierran hoy.

#Microrretales Se preparó un gazpacho fresquito. Se puso a leer un relato erótico. Cenó sopa de tomate.

#Microrretales Me dijo que era una diablilla, pero a mi me van las pelirrojas. Tiene aire acondicionado en casa, allí abajo.

#Microrretales El del Real Madrid, ella del Barça. Se amaban. El de Colacao, ella de Nesquick. Diferencias irreconciliables.

#Microrretales Hoygan, nu se si bale como cuento. Pero si serviria yo les digo: Ser onvres de onor, eso yo digo. Paz, broders.

#Microrretales Es físico cuántico. Siempre compra queso quark con su visa electron, y con su mujer duermen entrelazados.

#Microrretales Sábado sabadete, camisa nueva y..., ¿Domingo? ¡Ya se me ha vuelto a escoñar el condensador de fluzo!

#Microrretales Cariño, hace casi tres minutos que no me tuiteas ni pones Favorito uno de mis tuits, ya no me quieres?

#Microrretales ¿Está soltera? ¿Es millonaria? Responda primero la segunda pregunta. Se gustaron y se lo gastaron.

#Microrretales Luke, soy tu padre. Perfecto, llama al Santander, avalaste mi hipoteca, y los jedi estamos en paro.

#Microrretales A veces veo muertos. No te preocupes, es normal, sobre todo si sales por Londres de noche, Jack.

#Microrretales Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: La derecha nacionaliza la banca, sube impuestos. Es hora de morir

#Microrretales Planté un libro, escribí un niño, tuve un árbol. El libro no florece, ¿el niño? mal escrito, mas el árbol da sombra.

#Microrretales Quedaban cinco minutos para el fin del mundo, y él quería tuitear las últimas palabras. Nunca supo si lo hizo.

martes, 15 de mayo de 2012

Lo breve, si breve, dos veces breve...


Lo breve ha llegado para quedarse, lo tengo claro. No es bueno ni malo, ni siquiera será exclusivo ni excluyente, y sin embargo tomará cada vez más relevancia.

La brevedad, la síntesis, la concisión y precisión, son virtudes a mi entender loables, incluso si llegan al máximo minimalismo. 

Aunque extensible a otras areas, aquí me refiero a la brevedad en la escritura, con su máximo exponente en el uso de los 140 caracteres de un ¿sencillo? tuit. Aunque a veces sean 60 tuits seguidos (los de un tal Arturo, de muchos conocido, tan querido como denostado).

En el otro extremo tenemos novelas como La cúpula, del maestro King, que con 1136 páginas no se supera a si mismo (su novela "It" tenia 1504, "shit yourself little parrot" en inglés de ese que sabemos hablar todos).

En mi juventud me lei "It" de una sentada, de la mañana a la madrugada, y lo mismo la del Señor de los Anillos (en su edición de un solo tomo, ¡no veas!). Sin embargo la cruda realidad actual es que es dificil cuando no imposible disponer de un par de horas de "aislamiento monacal", descontando trabajo y familia, ya que en el tiempo de ocio el abanico de estímulos es muy amplio, y su dinamismo es casi inmediato, entre el móvil con que haces fotos (casi ni llamas ni te llaman, os enviais wassups), los tuits minuto a minuto, más todas las entradas de los cienes o miles de amigos en tu feisbú. Estamos en una sociedad en que, excepto al dormir (salvo si sueñas, claro) estás permanentemente conectado, y como todo, no es ni bueno ni malo, es diferente, y por ello tu tiempo y tu tempo son diferentes a lo que fue la vida, por ejemplo, en los 80.

Asi que te encuentras con que hay taaaaaaantas y taaaaaaantas cosas que llaman tu atención, y si te gusta leer, hay taaaaaaantos y taaaaaaantos escritos de taaaaaaantas y taaaaaaantas personas esperando, que sí, no todos serán Hemingway, Poe, Quevedo o alguno de esos genios del pasado, pero muchos explican historias interesantes que te atrapan, estén en el top 10 de algún sitio o en el top 100 o incluso sean noveles. Si en las listas online que todos conocemos hay 50.000 títulos en castellano (y creciendo), incluso aunque la estadística más cruda diga que no se "salva" más del 1%, significa que tienes una lista inmensa (y creciendo).

Si resulta que además te gusta escribir entonces es un dolor de muelas del juicio, las de arriba por leer, las de abajo por escribir, y no hay suficientes voltarenes, ni pastillas cafeínicas para arañarle tiempo al tiempo. Reorganizas tu agenda, dejas de ver la docena de series que antes veias, quizás duermes algo menos, y sin embargo "nunca tienes tiempo", y si dejas a tu grupetto de feisbú de lado te sientes malo maloso, si ves menos a tus amigos no virtuales te sientes un perro, y el caso es que "nunca tienes tiempo".

Así que actualmente me "asusta" la idea de enfrentarme a una novela de más de 400 páginas, y me atraen más los relatos de menos de 10 páginas, aunque la historia sea como Dumas, por entregas, y al final sean unos 40 capítulos, en pequeñas dosis semanales.

Hay dias en que incluso eso me agobia por falta de tiempo, y aprecio los microrelatos de media página (si son buenos, of course, sino no paso de la primera frase), y en ocasiones me dejo llevar por los microrelatos de una o dos frases, y aquellos que caben en un ¿sencillo? tuit, si están bien creados, me dejan un buen sabor de boca, casi al nivel de la frase del amigo Baltasar (no, no me refiero al rey mago).

Quizás cuando me jubile tenga tiempo..., pero claro..., hay tantas cosas que hacer, que seguramente entonces tampoco tenga suficiente tiempo para leer nada que sea muy largo. A lo mejor entonces ya todo son aparatos que te cuentan cuentos mientras vas caminando por la calle, o con suerte los escritores nos dediquemos a escribir sueños, y entonces si, podremos absorber grandes historias en un ciclo de sueño, entonces si que podremos soñar Las Mil y Una Noches, todas ellas, y despertarnos maravillados.

martes, 8 de mayo de 2012

Noticias de un universo alternativo (XII)

Barcelona, Universo 3, Redacción - Amigos, hoy nos llega una crónica del Universo 1, de nuestro nuevo corresponsal,  Cristobal Colón. Como todo lo que conocemos del resto de universos, debemos mantener la mente abierta y entender que cada universo ha desarrollado su propia historia, y aunque en mucho nos parecemos, en otras cosas somos muy diferentes, ni mejores ni peores, solo diferentes.

Barcelona, Universo 1, Redacción - Hola, aqui Cristobal Colón, vuestro nuevo corresponsal en el universo uno, aunque no sabemos si fue el primero, es la numeración propuesta por el profesor Takeshi Martinez y nunca entendí muy bien lo que explicaba sobre el espín de los neutrinos y el color de los quarks, sus frases siempre parecen aquello de planchar un huevo y freir una corbata, aunque lo han nominado para el Nobel y eso debe significar algo.

Antes de seguir con mi crónica, a la pregunta que todos os estais haciendo: Sí, mis padres tienen un sentido del humor algo especial. Solo os diré que a mi hermano pequeño le fue peor, le llamaron Bartolomé, pero como nadie sabía bien la historia de mi tocayo siempre acababan con lo de la flauta de Bartolo, que junto a la trompa de Eustaquio forman el dúo musical más famoso después de Pimpinela.

Bien, dejemos de hablar de mi y hablemos de universos y versos, de rarezas y simplezas, de fiestas y gestas, de aquello, lo otro y lo de más allá...., bueno..., disculpad..., pero aqui en el Uno se ha puesto de moda una divertida forma de hablar y escribir y se me van los dedos sin darme cuenta. Volvamos a la crónica, que no me pagan por palabras y veo que acabando mi tercer párrafo aún no sabeis de que va la cosa.

Si la crónica llevase un título, sería "vita intensa", y si me permitieran un subtítulo, sería "moi aussi". El título enseguida lo entenderéis, del subtítulo aún tardaréis un poquito.

Aqui, en el Uno, la mayor diferencia con nosotros, los del Tres, tiene que ver con la edad, y no solo de las personas, sino de todo, todo en este universo es viejo, casi polvoriento. El Sol es amarillo pero del color de la paja, el cielo es siempre gris azulado, las nubes parecen siempre jirones deshilachados que se caen, y la Luna..., bueno, la luz pálida del Sol le da un aspecto realmente cadavérico.

Pero no os penseis que aqui las cosas son tristes..., porque ellos nunca han visto los colores vivos que laten en nuestro universo, y nunca los verán, no porque haya aqui un gobierno mundial paternalista que cuida de la salud mental de los suyos (porque no es así, de acuerdo?, yo no he escrito nada para que debais pensar lo contrario, no debeis leer entre líneas, de acuerdo?, por cierto, aprovecho para saludar a mi tio George, que antes de jubilarse fue periodista y ahora tiene una granja).

En fin..., como os decía..., aqui la avanzada edad de las cosas y las personas es algo consustancial a toda la existencia. Pero como es lógico en el ser humano, el de este universo y el de todos los universos, el deseo de trascendencia es un acicate, y para ellos lo de plantar un libro y escribir en un árbol les parece una niñería, y como se reproducen in vitro lo de tener un hijo no tiene sentido antropológico porque el crio es de todos. Asi que lo que en ellos es trascendencia es, lisa y llanamente, vivir mucho, y cuanto más mejor.

Supondreis que con la ingeniería genética habrán roto la programación del gen suicida y saltado la barrera de los 125 años..., pero no..., la verdad es que aunque su media está sobre los 115 años, la genética se les está resistiendo, siguen sin descifrar el código, y nadie ha encontrado aún la Rosetta.

Pero sabeis como consiguen, naturalmente en el mercado negro, que sus vidas se alarguen unos añitos más que la media oficial? Os lo cuento sin problemas porque al gobierno parece no importarle demasiado, casi se podría usar lo de panem et circenses. Pues resulta que lo que toman y cuesta casi como seis meses de trabajo, son pildoras..., de sangre de virgen. No, aqui no existió nunca Vlad, ni los niñatos de Twilight, y sin embargo, parece que hay "algo", no se sabe si en la sangre por si misma o por ser de virgen, que "funciona". Que todas las filosofías, religiones, sectas y asociaciones culturales promuevan la virginidad no debe pues extrañaros.

Ya, ya se que leerlo os escandaliza, pobres gentes de vida tranquila y sin sobresaltos. Ya, ya se que en el Tres sería imposible un mercado asi por falta de materia prima. Ya, ya se que "aqui nosotros no", y que "eso nunca jamás", que la oscura Edad Media está muy lejana y todas esas cosas.

Bueno, ya sabeis que en las crónicas del multiverso nos dedicamos a conocer los otros universos como una forma de conocer el nuestro, y como resultado, nuestra mente se amplía aunque a veces a costa de que el corazón se nos encoja, asi que debo terminar mi crónica explicandoos que, en el Tres, en nuestro querido y sano universo, también cuecen habas, y creo que al final os vais a escandalizar más de lo que podeis creer.

Os dejo, sin ganas de ampliar la crónica, con la noticia que enlaza el Tres con el Cinco. Pero os aviso, si lo de la sangre de virgen os escandaliza..., bueno, casi mejor lo dejais aquí.