Etiquetas

martes, 15 de diciembre de 2020

El Grinch que se volvió azul


El Grinch era una criatura peluda y gruñona con un corazón "dos tallas encogido", un zapato demasiado apretado y un tornillo mal ajustado, que vivía en una cueva en lo alto de una montaña de 3000 pies al norte de Villaquién, el hogar de los felices Quien.

La ciudad de Villaquién se encuentra en una mota de polvo, encima de una flor de trébol según unos, dentro de un copo de nieve según otros. Pero en realidad ambas son pistas falsas dejadas por agentes de la TSG encargados de evitar que alguien les encuentre.

Puede que os preguntéis como sé que son pistas falsas. Puede que no os lo preguntéis porque os la refanfinfla. Puede que nadie llegue nunca a leer esto. Así que no sé qué narices estoy haciendo. Pero me aburro después de la siesta, hace frío, y pensé que quizás valía la pena contar la historia.

¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Os decía que el Grinch era un cascarrabias. Un gruñón de color verde, pero no de un bello verde lima, ni del verde de una manzana ácida, ni del luminoso verde de algunas especies de rana, no, era un sucio verde oscuro. Tan gruñón era que el propio color verde se ocultaba de él mismo y muchas veces aparecía como un peludo bicho de color gris. Vamos, una criatura de lo más desagradable.

Pues el Grinch, que en realidad se llamaba Paco, odiaba. Lo odiaba todo, el sol por las mañanas porque lo despertaba, la luna por las noches porque lo desvelaba, los árboles de Villaquién cuando salía de su cueva, el cantar de los pájaros en la mañana, el susurro del viento o el silencio cuando no hacía viento.

De todas las cosas que Paco odiaba, lo que más, lo que más, odiaba a los niños, en especial cuando estos se ponían a jugar. Y de los juegos de los niños, lo que peor llevaba era cuando jugaban la mañana de Navidad, después de abrir los regalos en los calcetines colgados en la chimenea y los que había bajo el árbol iluminado.

Así que se ponía gris depresivo y luego verde, un verde que en el fondo vosotros y yo sabemos era de envidia, por no poder sentir lo que sentían los niños, porque su corazón era dos tallas menos y su sangre no le regaba el cerebro, con lo que su cerebro pensaba lo justo para no ser un vegetal, y su corazón no daba para sentimientos salvo el odio a todo.

La noche antes de Navidad Paco se montó en su trineo y bajó de la montaña hasta la ciudad a robar todo lo que hacía que la Navidad fuese alegre. ¡Así, solo por dar por saco!

Se llevó los regalos dejando una nota en los calcetines que ponía “¡Aquí había un regalo fantástico, lo acabo de quemar!”, no se llevó la comida que había en la nevera, pero la dejó abierta para que todo se pusiera malo, se llevó la leña de las chimeneas, echó miel y harina en las sábanas de todas las camas, vamos, una diversión de odio que le hacía reír a cada rato, con una risa sarcástica y odiosa que no hace falta describa porque la estáis escuchando ahora mismo.

Al llegar a la última casa al sur de la ciudad, Paco entró con la misma idea, la de robar los regalos, dejar abierta la nevera, llevarse la leña y echar miel y harina en las camas.

Pero al entrar en la cocina se dio de bruces con una niña, y eso lo cambió todo.

Por exigencias de confidencialidad firmadas con la agencia TSG no os puedo decir quién era la niña, ni siquiera su nombre, así que la llamaremos Katiuska porque la sonoridad me gusta y como soy yo el que cuenta la historia tengo ese derecho.

Dejadme que os explique por qué motivo Katiuska lo cambió todo. Mientras Paco era un ser verde-gris que lo odiaba todo y tenía un corazón dos tallas menos, ella era un ser de un bello color azul que no sabía otra cosa que amar y tenía un corazón tan grande que ocupaba todo su cuerpo desde el cuello a los pies.

Lo que pasó ese día se convirtió en leyenda, y fue algo en apariencia sencillo, a la vez mágico, casi imposible pero inevitable. La niña miró a Paco con unos ojos de un verde casi transparente, en realidad le miró desde su alma, y los negros ojos de él vieron ese abismo de amor inmenso, y su corazón colapsó, palpitó y empezó a crecer.

Cada dos latidos su corazón temblaba y entonces crecía un poco más, al cabo de un minuto y medio ya era de tamaño normal. Pero la niña seguía mirándolo desde su alma, y Paco seguía con el corazón creciendo y bailando samba, aunque no sabía.

Hasta que su corazón fue tres veces mayor, y ya no le apretaban los zapatos.

Entonces Paco emitió un suspiro, después un gemido que se convirtió en lágrimas, y empezó a llorar todo lo malo que llevaba dentro, cada dos sollozos y medio le daba un hipo, y luego de un par de hipidos la niña le sonrió, y Paco dejó de tener hipo y pasó a llorar a la vez que reía, y cada vez reía más, aunque hubiese lágrimas, y pronto las lágrimas ya no le quemaban, sino que eran dulces, y llorar estaba bien.

Entonces el verde-gris de su piel se convirtió en un luminoso azul, y sus ojos negros cambiaron a un adorable color avellana. Su sonrisa sarcástica cambió a una sonrisa dulce. Su pose encorvada y torcida paso a ser erguida y equilibrada.

Esa misma noche devolvió todos los regalos y la leña, arregló todas y cada una de las neveras, llevó comida a todo el mundo, y lavó las sábanas de todas las camas de todas las casas. Desde esa Navidad Paco ya no quiso le llamasen Paco “el Grinch” sino Paco “el Blues” porque al convertirse en un ser azul descubrió la belleza de esa música melancólica que te llega al alma cuando la tienes abierta al amor.

lunes, 2 de noviembre de 2020

¿En tu universo o en el mío?

UNO

Orbita a 340 km de la Tierra, año 2020, 22 de octubre, 22:02 GMT

El capitán de la estación espacial StarGazer se despertó con el suave sonido del mar de su implante lobular y la ligera vibración del futón donde dormía, mientras las tenues luces de seguridad de su camarote variaban su color del verde al azul. Al girarse y levantar su vista al techo se iluminó el UltraVid y la sonrisa más bella de la galaxia le saludó sobre el fondo azul turquesa del mar frente a su casa de la playa.

—Ola k ase? —le susurró Enya, sus ojos azules mirando por encima de unas gafas Teashades con semblante pícaro.

—Anda, no me seas rarita, quítate esos vidrios a lo Lennon que aún te queda pa disfrazarse —rió Aidan, aunque la imagen lo puso de forma inmediata en estado de excitación, bastaba su sonrisa, como le ponía ojitos, y perdía del hilo de lo que estuviera haciendo, era una suerte que él no fuese el piloto de la nave, sino se estampaba contra algún asteroide.

—No me digas que no te gusta verme con gafitas, nene, que siento en mi cómo te gusta, que el Sense2Gether funciona incluso contigo en órbita —la sonrisita de Enya mostrando los dientes decía que así era, el brillo de sus ojos decía que le parecía genial conseguir ese efecto en su chico, y la lengua asomando decía que si estuvieran cerca la cosa se iba a poner pero que muy intensa, y sentir cómo él se excitaba con tanta fuerza la llevó al mismo estado en un instante. Esa excitación le llegó de vuelta a Aidan a su cuerpo, palmo y medio más abajo de la boca de Enya había dos puntos enhiestos y duros como el diamante que endurecieron los de Aidan, un palmo por debajo del ombligo un calor húmedo envolvió la dureza de su entrepierna, las orejas se encendieron calentando las de Aidan hasta casi doler, y un escalofrío de placer recorrió sus columnas al unísono.

—Me vas a quemar el aparato —dijo Aidan, añadiendo—: mejor dicho, los dos, el Sense2Gether y "el otro".

—Suerte que vuelves en pocos días, nene, que por mucha conexión por el 2Gether ese necesito tu piel junto a la mía —susurró Enya con esa voz grave y cantarina tan seductora— así que haz los experimentos esos que me contaste y arreando pa casa, ¿vale?

—¡Señora!, ¡Sí, Señora!, vuestros deseos son órdenes para mí, el alto mando científico de la flota no podrá negarse a dejarme ir, aunque solo sea porque le diga que su hija así lo desea, jajajajajaja —la carcajada de Aidan se juntó con la cantada risa de Enya.

—Capitán..., capitán... —una voz con cierta premura se coló en sus oídos por encima de las risas, Aidan reconoció a la teniente Fiona.

—Dígame, teniente —contestó Aidan incorporándose mientras mandaba un beso a su chica y desconectaba el UltraVid.

—Estaremos en posición de intercepción de la miniluna 2020 SO en unos minutos, señor —informó Fiona.

—Me dirijo al puente en estos momentos —respondió Aidan mientras salía de su camarote.

Según Aidan entraba en el puente de mando, la miniluna entraba en el campo de visión de la proa y sorprendía a todos por no ser lo que esperaban, un asteroide errante que había capturado la Tierra una semana antes, entrando en el punto exterior de Lagrange L2 para salir por el punto L1. 

Lo que vieron fue un ¡WTF! en toda regla (la expresión PQC nunca llegó a cuajar), un "Pero ¿Qué narices es esto?", cuando vislumbraron algo que era metal picoteado por los micro meteoritos y no roca.

—Al final tenía razón el tipo ese del JPL —soltó la teniente Fiona con sorpresa— esto debe ser el Surveyor 2; pero no es posible, si se estrelló hace... cuánto hace, era septiembre de 1966 si mi memoria no me falla y nunca me falla.

—Fiona, si me dices el día y la hora te libras de la guardia de esta noche —rió Aidan, aunque sabía que ella se lo diría con precisión casi quirúrgica.

—El 22 de septiembre de 1966 —recitó con los ojos mirando arriba a la izquierda como siempre hacía al recordar —a las 9:35 UTC, se perdió el contacto por un fallo en la corrección del plan de vuelo.

—Ya, pero se estrelló en la Luna, qué diantres está haciendo aquí, ¿dando un paseo? —Aidan estaba sorprendido.

En ese momento empezaron a crepitar los comunicadores del puente, mientras la miniluna se iluminaba primero con tonos rojizos, luego con tonos azules, fluctuando, parecía como si creciera y se encogiera con cada latido, algo imposible. Los sensores de la nave se volvieron locos, como si ese satélite estuviera ejerciendo una atracción gravitatoria imposible para sus dimensiones.

—Capitán, lo que sea "eso" que tenemos delante está tensionando la estructura de la nave, y no podemos salir de su influencia ni con la potencia a máximos —la voz de la jefa de la sala de motores, Brianna, era tensa como una cuerda de guitarra antes de romperse.

Entonces, además del baile de luces rojas y azules, lo que fuese aquello, viniese de donde viniese, empezó a girar sobre su eje a tal velocidad que mareaba, hasta que tanto sus tres patas en trípode como el cuerpo de la nave se difuminaron en una especie de esfera muy brillante, dolía mirarla incluso tras los deflectores del puente.

—Esto empieza a no gustarme un pelo —las voces de Aidan y Fiona expresaron miedo al unísono, mientras el resto de la tripulación se miraba y se ponía nerviosa al ver que sus mandos no controlaban la situación.

A las 22:22 GMT del 22 de octubre de 2020, la miniluna 2020 SO dejó de fluctuar en rojos o azules, y emitió un destello en blanco, tras lo cual la nave StarGazer pareció temblar y desapareció de la órbita con un parpadeo.


 

DOS

Orbita a 340 km de la Tierra, año 2020, 22 de octubre, 22:01 GMT

La capitana de la estación espacial MoonShine se despertó oliendo la lluvia sobre la tierra arcillosa, que al irse centrando se convertía en el sonido de lluvia que reproducía su implante lobular para facilitar su despertar. Adara "la rara" la llamaban en la escuela, algo que aún recordaba con cierto regusto amargo. ¿Qué culpa tenía ella? La sinestesia era algo natural en su vida, desde siempre saboreaba el dulce azul, el salado amarillo, las notas del piano olían a vainilla, las guitarras a canela, le encantaba el crepitar de las guindillas que su abuela echaba en los callos, solo la vista y el tacto se libraban, lo que era un suerte porque ya tropezaba más de la cuenta con sus dos pies izquierdos, como para sentir en su cuerpo todo lo que veía a su paso, abrazos, bofetadas o caricias.

—Aquí la Habana, te tengo ganas —la voz sonó en el techo con risa medio contenida y ella miró hacia arriba, viendo como Declan la observaba, seguro que desde hacía un buen rato. Declan le había contado que le encantaba mirarla mientras dormía, verla sonreír, darse la vuelta cuando soñaba en esos sueños que nunca recordaba salvo cuando dejaba pistas en su cuerpo y despertaba con una sonrisa de oreja a oreja.

Pos te quedas con las ganas, mi vida, que además de algo lejos "pa eso" tengo un conato de migraña que me llevará a oler a gasolina todo lo que me diga la tripulación, y no mataré a nadie porque esto ya forma parte de mí. —el tono de Adara era algo cansado, y no le gustaba nada tener que "enfriar" a su chico, pero entre la necesidad casi dolorosa de café y la jodida migraña la jornada iba a ser un problema.

—Oído, saco mi agenda, a ver que otra pelirroja me quiere ayudar con esto que tengo aquí que no se arregla solo —soltó Declan con sorna viendo como los ojos turquesa de Adara refulgían y las orejas se encendían a la vez que ponía una sonrisa de "pos te vas a enterar, listillo".

—Cariño mío, sabes que con un par de frases susurradas y medio cantadas te voy a poner cardíaco, así que no me provoques porque luego a ver como sales de detrás de la mesa y te pones a coordinar los trabajos en la oficina sin dar un espectáculo —Adara estaba disfrutando con ese juego y veía como Declan iba enrojeciendo. Por si fuera poco, el Sense2Gether le transmitía todo lo que él sentía, resultando en una retroalimentación que casi le quita la migraña de golpe al encender a su vez todos sus puntos sensibles, erizándole los vellos de la nuca, mientras un escalofrío recorrió su columna.

—Capitana..., capitana...—una voz de tenor interrumpió su excitación y se coló en su oído —era el teniente Brendan.

—Dígame, teniente —contestó Adara mientras lanzaba con la mano un beso a Declan y desconectaba el UltraVid.

—Estamos a pocos minutos de la miniluna 2020 SO, Señora —informó el teniente Brendan.

—Me dirijo al puente en estos momentos —respondió Adara mientras salía de su camarote.

Adara entraba en el puente de mando cuando la miniluna entraba en el campo de visión de la proa y sorprendía a todos por no ser lo que esperaban, un asteroide errante que había capturado la Tierra una semana antes, entrando en el punto exterior de Lagrange L2 para salir por el punto L1. 

Lo que vieron fue un ¡PQC! en toda regla (la expresión WTF nunca llegó a cuajar), un "Pero ¿Qué narices es esto?", cuando vislumbraron algo que era metal picoteado por los micro meteoritos y no roca.

—Al final tenía razón el tipo ese del JPL —soltó el teniente Brendan con sorpresa —esto debe ser el Surveyor 2, pero no es posible, si se estrelló hace... cuánto hace, era septiembre de 1966 si mi memoria no me falla y nunca me falla.

—Brendan, si me dices el día y la hora te libras de la guardia de esta noche —rió Adara, aunque sabía que él se lo diría con precisión casi quirúrgica.

—El 22 de septiembre de 1966, —recitó con los ojos mirando arriba a la izquierda como siempre hacía al recordar— a las 9:35 UTC, se perdió el contacto por un fallo en la corrección del plan de vuelo.

—Ya, pero se suponía se estrelló en la Luna, qué diantres está haciendo aquí, ¿dando un paseo? —Adara estaba sorprendida, y aunque la migraña le seguía dando por saco, la situación le puso en estado de máxima atención.

En ese momento empezaron a crepitar los comunicadores del puente, mientras la miniluna se iluminaba primero con tonos azules, luego con tonos verdosos, fluctuando, parecía como si creciera y se encogiera con cada latido, algo imposible. Los sensores de la nave se volvieron locos, como si ese satélite estuviera ejerciendo una atracción gravitatoria imposible para sus dimensiones.

—Capitán, lo que sea "eso" que tenemos delante está tensionando la estructura de la nave, y no podemos salir de su influencia ni con la potencia a máximos —la voz del jefe de la sala de motores, Brian, era tensa como una cuerda de guitarra antes de romperse.

Entonces, además del baile de luces azules y verdes, lo que fuese aquello, viniese de donde viniese, empezó a girar sobre su eje a tal velocidad que mareaba, hasta que tanto sus tres patas en trípode como el cuerpo de la nave se difuminaron en una especie de esfera brillante, dolía mirarla incluso tras los deflectores del puente.

—Esto empieza a oler muy mal —las voces de Adara y Brendan expresaron miedo al unísono, mientras el resto de la tripulación se miraba y se ponía nerviosa al ver que sus mandos no controlaban la situación.

A las 22:22 GMT del 22 de octubre de 2020, la miniluna 2020 SO dejó de fluctuar en azules o verdes, y emitió un destello en amarillo, tras lo cual la nave MoonShine pareció temblar y desapareció de la órbita con un parpadeo.


 

TRES

Orbita a 340 km de la Tierra, año 2020, 22 de octubre, 23:22 GMT

La nave StarGazer apareció en la órbita terrestre como de la nada, después de haberse desvanecido una hora. Aidan parpadeó intentando hacer desaparecer los destellos que seguían en su retina.

La nave MoonShine apareció en la órbita terrestre como de la nada, después de haberse desvanecido una hora. Adara parpadeó intentando hacer desaparecer los destellos que seguían en su retina.

Enya llamaba por el UltraVid preocupada por la desaparición de la nave.

Declan llamaba por el UltraVid preocupado por la desaparición de la nave.

Aidan conectó el UltraVid suponiendo sería su chica.

Adara conectó el UltraVid suponiendo sería su chico.

—¿Tú quién coño eres? —soltó Aidan al ver la cara de un tipo de piel oscura donde esperaba ver a su chica.

—Lo mismo digo, que se ponga Adara —respondió Declan al ver la cara de un rubio de ojos azules donde esperaba ver a su chica.

Mientras tanto, en el universo de al lado, Adara y Enya se miraban como alucinando, dos pelirrojas casi idénticas, una con ojos azul turquesa, la otra con ojos verde turquesa, ambas con una nariz risueña y un pequeño lunar.

Dentro de la nave Surveyor 2, porque solo había una, Za’tziel, un habitante del quinto planeta del tercer sol de la constelación de Ofiuco reía con sus tres bocas y lloraba de risa con sus doce ojos, sintiendo la sorpresa reinante en ambas naves mientras las comunicaciones con la Tierra, con la otra Tierra, se llenaban de palabrotas en todos los idiomas: ¡Bozhe ty moy!, ¡Herregud! ¿Qué carajo? ¿What the hell?


sábado, 31 de octubre de 2020

Samhain en un año raro

El día de Samhain, a las 8 de la mañana, Shamrock López abrió los ojos, extrañado por despertar tan pronto ya que era sábado y había estado con su chica hasta las 3 AM. Más extraño aún era el hecho de no estar nada cansado ni con dolor de cabeza, ni le dolía el hombro derecho por dormir de ese lado con el brazo bajo la almohada, ni le dolía el dedo gordo del pie izquierdo, ni siquiera sentía la
http://dlvr.it/RkknrG

Samhain en un año raro

El día de Samhain, a las 8 de la mañana, Shamrock López abrió los ojos, extrañado por despertar tan pronto ya que era sábado y había estado con su chica hasta las 3 AM. Más extraño aún era el hecho de no estar nada cansado ni con dolor de cabeza, ni le dolía el hombro derecho por dormir de ese lado con el brazo bajo la almohada, ni le dolía el dedo gordo del pie izquierdo, ni siquiera sentía la vieja herida de la rodilla de cuando de niño, al cruzar pa subir al coche que lo llevaría a la escuela, se dió contra el asfalto dejando casi visible la rótula.

Pero como últimamente le pasaban cosas de lo más curioso, como si alguien en las alturas jugase con él al mus con cartas de póker, no se pre-ocupó, se levantó, se desnudó, se pesó, y preparó el café mientras se vestía, aunque con el calor que hacía no hubiera hecho falta, excepto por los vecinos de la parte trasera del edificio.

En cuanto salió a la calle, Shamrock López sintió algo raro en el ambiente, a pesar de llevar mascarilla "de las buenas" el aire le olía raro, como a sándalo y humo, la luz del sol era mortecina, y la brisa susurraba aunque no se entendía bien lo que decía. <<Que cosas más raras para un sábado>> se dijo mientras entraba en la ferretería a por silicona para arreglar una fuga de agua.

Al entrar, Shamrock presenció algo que le volvió a encender las alarmas de rareza, un viejete vestido de azul y con cara de pitufo gruñón le gritaba a la pobre cajera "Quiero que me deis una nueva sierra, que esta se me ha roto! Cómo que tengo que comprar otra? ¿Ya de paso también compro otro bastón, no? ¡A la mierda!", y agarrando un carrito lleno de bolsas que supuraban cierto líquido pardusco salió con la sierra rota en la mano, una sierra que parecía tener algo enganchado en la zona de corte, aunque no se veía bien que era.

Al salir con la silicona y de camino al super, Shamrock se cruzó con un par de niños que mientras se acercaban parecía iban disfrazados de esqueletos, pero al estar a un metro vió con ¿sorpresa? ¿horror? ¡ojiplático! que los huesos que se les veian no estaban pintados ni era un disfraz. ¡Eso era imposible! <<¿Le puse azucar al café o era otra cosa?>> se preguntó mientras llegaba al super.

Al entrar al super la cosa empeoró, todas las cajeras llevaban medio rotos los pantalones y las mangas del uniforme, y las cicatrices de sus brazos y su cara goteaban sangre, porque aquello no podia ser salsa de tomate, demasiado densa, rojo granate. Pero eso era imposible, ¿que narices estaba pasando?

Apresurándose para volver a casa, Shamrock tropezó, cayó en plancha en la calle, y desde el suelo vió llegar el autobús del barrio a toda velocidad, pitando porque no podría frenar a tiempo. Viendo pasar toda su vida en un instante, sobre todo el último mes, que lo otro no era demasiado relevante en comparación, se encomendó a las Diosas esperando no sentir dolor.

Un rato más tarde Shamrock López abrió los ojos, seguía en el suelo, con la pierna derecha en uve y sin zapato, con el brazo izquierdo doblado por tres sitios, una oreja medio colgando, y algo metálico le atravesaba a la derecha del ombligo. Pero a pesar de ello no sentía dolor, ni sentía miedo, y estaba en paz consigo mismo, porque finalmente el dolor, la rabia y la inexplicable angustia que en los últimos tiempos le impedía hasta comer habían desaparecido del todo.

¡Qué más daba tener huesos rotos, la pierna en uve, y una oreja colgando!, ¡Si era feliz todo lo demás era superfluo!.

Ola, eh bolbido, y solo han pasao 7 años

 Poseso que dise el titulito, Ai em bak, pipol, stepping out from the quantum void

Después de 7 años de mala suerte sin haber roto ningún espejo (al menos no de forma consciente) con un bloqueo escritoril de los de agárrate y no te menees que si te meneas te mareas y no hay biodramina pa tanto meneo, he recuperao la ilusión, las ganas, y aunque con pasitos tímidos para no pegarme una hostia de antología, vuelvo a pasarme por aquí, saco el polvo a la página que la pobre estaba muerta de asco y de tristeza, y hago propósito de enmienda y de intentar recuperar viejas y buenas costumbres.

No espero que esto sea un "eh, pero si tienes hasta club de fans, pásate a firmar", porque aún me duele la hostia por la cual dejé de escribir (otro día os cuento), que coño, si hasta dejé de leer, aún tengo un libro que compré un domingo en un SuperCor junto a una coca-cola y el pan que sigue ahí, sin leer, y creedme que para alguien que debe haber leído muchos centenares libros y se los tragaba a uno por semana mínimo eso es signo de "debacle nivel dios".

Pero no lloréis, que esto es el pasado, y ahí se quedará.

Esta entrada es solo un "ya he bolbido, ya toi aki otra ves", y después de eso colgaré un relatillo cortillo que me vino a la mente esta mañana por ser hoy el día que es.

Ni idea de si esto lo leerá alguien, en realidad este blog siempre fue como mi propio diario en la nube, y así es como debe ser y si alguien nota mi vuelta pues gracias por recordarme.

Salu2,
Yo (si, yo, no otro, yo)

viernes, 25 de enero de 2013

El tipo del metro (II)


El tipo arrugado del metro dejó de aparecer por allí, dejándome con cierta preocupación por mi salud mental, ya que si me lo había imaginado todo estaba como un cencerro de medio kilo.

Las turistas japonesas, diferentes pero iguales, seguian haciendo fotos a cualquier cosa, hasta a las máquinas de billetes de metro, quizás por una concepción oriental de que todos somos uno con todo, quizás porque llevaban cámara digital y les daba igual hacer cien que doscientas fotos. De turistas rusas se veian menos, no debia ser temporada. De la temporada de botas mejor no hablamos que me pongo malito solo de pensarlo.

El tipo delgado del metro no volvió a aparecer por allí, ese hombre huesudo y arrugado que habia hecho un salto en el espaciotiempo para cambiar de anden, sin moverse de su banco, dormitando y con la cabeza colgando, había desaparecido sin dejar rastro.

Pero el universo ya habia lanzado sus dados, aunque yo aún no tenia ni la más remota idea hasta que me acerqué a la pared y vi la foto del tipo arrugado sentado en un banco del metro. ¡Era real! ¡Alguien le habia sacado una foto! ¡No estaba loco! Debajo de la foto una nota decia: "Si tu también lo viste llámame al 636868458".

Mi relación con los teléfonos es algo especial: cuando sonaba en casa tanto mi padre como yo esperábamos que mi madre dejase lo que estuviera haciendo para ser ella quien lo cogiera porque..., a saber quien era y que queria, además llevábamos fatal hablar sin contacto visual, con pausas que no sabias rellenar, en fin, esas manias que todos tenemos.

Así que podeis suponer mi grado de alteración emocional ante la foto del tipo huesudo porque marqué inmediatamente el número y le di al botón de llamar. Por si ello fuera poco atrevimiento, cuando respondió una voz femenina, ¡No colgué! (sí, sí, reiros lo que querais, los timidos somos asi).

Su nombre era Nieves, y me explicó que ella habia visto desaparecer al tipo del metro y reaparecer al otro lado del anden. Quedamos para vernos esa tarde y seguir hablando del tema, ella habia hecho varias fotos y queria enseñármelas y que le explicase lo que yo había visto y sentido, estaba eufórica al saber que no se lo había imaginado. Al preguntar como la reconoceria me dijo que llevaría lo mismo que aquel dia, una blusa rosa palo, tejanos y botas. ¡Dios mio, era la rubia despampanante del metro! Inicio de taquicardia, balbuceos al teléfono describiéndome para que me reconociera, me despedí de ella antes de volverme gelatina y estuve a punto de decidir no presentarme a la cita, demasiada mujer pa mi (sí, ni siquiera nos conocíamos, pero es que no solo Spielberg hace peliculas).

Esa tarde me presenté donde habíamos quedado, en un bar cerca de Plaza Catalunya. Como odio llegar tarde, llegué demasiado pronto, así que me senté y pedí un cortado. Como ya no fumo intenté pasar el rato mirando a la gente, imaginándome su vida, es algo que normalmente me relaja y me divierte. Pero ese día los nervios los tenia a flor de piel, tanto por las fotos del tipo delgado y arrugado como por conocer a la rubia con botas.

Cuando llegó,me cogió por sorpresa, porque lo hizo por donde no miraba. Me saludó y al levantar yo la vista me quedé catatónico. El dia del metro estaba espléndida, pero desde entonces se había teñido de pelirroja, y la tenía delante de mi, cual duendecilla irlandesa, mientras mi neurona intentaba no soltar ninguna frase tonta. Claro que por no soltar frases tontas no dije nada y ella debió pensar "vaya sieso el tio".

Fue empezar a hablar del tipo del metro, a explicar lo que vi, lo que senti cuando desapareció en un anden y apareció en el otro, y de golpe puse los nervios en el bolsillo interior de la parka y me dejé fluir. Por un instante me vi a mi mismo desde fuera, y me gustó lo que vi, era mi yo real, pero no el que muchos veían, sino el interno, ese que muestras a unos pocos y siempre al cabo de mucho tiempo.

Las almas resuenan de formas inesperadas, y ella reaccionó con la misma fluidez, en poco tiempo el tipo del metro pasó casi a un segundo término, salpicando nuestras impresiones con notas de nuestra vida, desde mi fetichismo por las botas, que ella compartía además de haberse dado cuenta de mi mirada el día del metro, hasta lo que nos gustaba leer, comer, y beber, pasando por lo que nos hacía vibrar, reir y llorar.

Cuando apareció el camarero queriendo cobrar el cortado y el te rojo nos dimos cuenta que habían pasado casi cuatro horas y sin embargo solo hacía unos minutos que nos conocíamos. Unos minutos en los que casi sabíamos el uno del otro lo que muchos matrimonios no se han contado en lustros de rutina y silencio. Ese nivel de conexión es mágico, y no sé si es por generar adrenalina, endorfinas, serotonina o cualquier otra de esas cosas que fabrica nuestro cuerpo, pero me sentía de puta madre y a ella se le notaba sentía lo mismo.

Al levantarnos de la silla notamos que el cuerpo nos pedía movimiento, y nos fuimos a dar un paseo, por suerte el invierno estaba siendo como un otoño tardío, así que, aunque algo tarde, no hacía frio. Al ir a cruzar la calle, con el hombrecito en verde, ella no se fijó en un ciclista despistado que iba a su bola, y tiré de ella por el brazo para evitar se la llevara por delante. Con esa acción, sumada a la taquicardia del susto, acabamos mirándonos a pocos centímetros el uno de la otra, y tanto la otra como el uno sonreimos, y tanto el uno como la otra nos besamos. Primero con curiosa suavidad, pero luego ya notamos que la otra y el uno nos gustábamos, y el uno y la otra pasamos directamente a lo que se podría llamar "la fase del muerdo".

En un momento de parada para respirar y sonreirnos con los ojos, el hombrecito estaba de nuevo verde, la gente cruzaba y nos empujaba, asi que hicimos lo mismo y caminamos hacia la plaza, para poder sentarnos en uno de los bancos, porque estaba claro que los besuqueos y arrumacos iban a seguir un rato. Nos sentamos y nos abrazamos y nos besamos y pronto ambos metíamos las manos por la parka del otro, descubriendo el cuerpo del otro, tocando y palpando, presionando donde había que presionar, buscando el placer del otro y sabiendo que sería mutuo.

Nuestra excitación crecía por momentos, y solo el frío evitaba nos quitáramos la ropa alli mismo, mis manos pinzaban sus pezones y la hacían gemir mientras ella frotaba su mano en mi dureza de una forma tan salvaje que pensaba que acabaría por sacármela sin bajar la cremallera, si seguía así iba a durar poco, en ese momento todo lo que sabía del sexo tántrico se estaba yendo a hacer puñetas porque mi mente ya estaba a la temperatura en que las sinapsis se ponen a bailar break dance y el cerebro superior se funde y deja paso al mini-yo que hay bajo el cinturón.

Mientras una de mis manos buscaba su entrepierna y la otra seguía torturando su pezón más sensible, el izquierdo, me dispuse a morderle el lóbulo de la oreja y le aparté el pelo. Entonces me quedé quieto de golpe, dos dedos en uno de los pezones, una mano tocando su humedad, la boca cerca de su oreja, y mis ojos abiertos de par en par, fijos en el otro extremo de donde ella y yo nos estábamos pegando un repaso y calentándonos como un microondas.

En el otro extremo del banco, sentado, con la cabeza colgando a un lado, arrugada la cara más allá de lo que es posible arrugar nada, estaba ¡el tipo del metro! Ella y yo le miramos, luego nos miramos, asombrados; todavía abrazados, nos acercamos a él, y lo tocamos en el hombro, para ver si despertaba y podíamos saber quien era y que nos explicara lo del metro.

En ese momento hubo un destello de luz blanca que nos deslumbró, y cuando recuperamos la visión, solo estábamos los tres y el banco, el resto de la plaza no estaba, los edificios alrededor de la plaza no estaban, no había nada salvo nosotros y el banco, el resto era una nada de color gris uniforme por todos lados, casi te mareabas porque no sabías donde era arriba o abajo, aunque por suerte el banco y el tipo delgado eran un fantástico punto de referencia contra el que anclar nuestro miedo.

Luego vimos como la cabeza del tipo arrugado se movia, pasando de colgar sobre el hombro derecho a hacerlo sobre el izquierdo, y de nuevo la luz cegadora, y de nuevo tardamos un rato en volver a ver, y entonces ya no estábamos en la nada gris, pero tampoco en la Plaza Catalunya, sino en la Plaza del Sol, los tres y el banco, nosotros dos abrazados, aluciflipando en colorines, y el tipo delgado seguía dormitando, sentado en el banco, con la cabeza colgándole sobre un hombro.

jueves, 17 de enero de 2013

El tipo del metro

Eran las tres y cuarto de la tarde, todavía no había comido, y las tripas me rugían de manera irreverente mientras descendía del tren en Plaza España para dirigirme al metro y continuar a mi oficina. 

Mi caminar siempre ha sido rápido, incluso paseando parece que corra, en tiempos mi madre decía que mi ritmo era el de un legionario. Así que entre eso, el hambre, y que después de tantos meses me conozco bien el trayecto, caminaba con el piloto automático, sorteando a los lentos a mi paso, y solo reducía el paso si la lenta que me encontraba lo merecía (camino rápido pero no estoy ciego, y ya es temporada de botas).

Al llegar al andén de la linea roja, en la dirección que me llevaría a Urquinaona para hacer el trasbordo a la línea amarilla, caminé hacia el final del andén para poder entrar en los vagones menos llenos. Entonces me relajé y me puse a observar a la gente.

Cerca de mi había una pareja de turistas japonesas haciéndose fotos con el movil como si eso del metro fuese una exposición de arte. A pocos metros de las japonesas había dos chicas que tenían toda la pinta de ser rusas, y se sentaban en sus maletas frente a frente, sus caras sonreían y sus manos hablaban sobre caricias entre sábanas y desayunos juntas.

Entonces, al mirar más allá de las rusas, lo vi, y me llamó inmediatamente la atención. Era un tipo delgado, huesudo y arrugado, parecía que en el diccionario debía aparecer su foto junto a la definición de lo que es un tipo delgado, pero arrugado no le hace justicia, su cara era la arruga por si misma, hasta sus arrugas estaban arrugadas.

El tipo estaba sentado en uno de los bancos del andén, esos tan y tan cómodos, de madera pintada de marrón y esa forma que presuntamente es ergonómica aunque te deja siempre con un dolor de columna que a veces piensas si quien los diseñó tenía acciones en una clínica de quiromasajistas o su primo era traumatólogo y le pasaba comisión.

El tipo delgado y arrugado tenía las piernas cruzadas como solo las mujeres pueden cruzarlas, como solo los tipos huesudos de piernas delgadas pueden hacerlo. La pierna izquierda parecía estar completamente por encima de la derecha, como si se hubieran fusionado por la parte de la rodilla, formando una figura casi imposible.

La delgadez hecha hombre vestía un pantalon de tela gris claro y una cazadora negra de polipiel, ambos algo viejos y gastados, aunque con menos arrugas que quien los llevaba encima. Los zapatos eran marrones y con cordones, que no debían ser los originales porque eran negros. Los calcetines, blancos, estaban enrollados en los tobillos, dándo al conjunto un aspecto desequilibrado, confuso, desastrado.

Pero lo que me llevó a fijarme en él, más allá de su cara de pasa de Corinto, fue que la cabeza la tenía torcida hacia un lado, casi colgando en el aire, como si le hubieran roto el cuello. Su postura, tan incómoda, era la de una figura absolutamente inmóvil, como la de las estatuas humanas que hay en diferentes zonas de la Rambla.

No movía ni un músculo, a pesar de la incómoda postura, de toda la gente que pasaba a su lado o la que se sentaba en el mismo banco a esperar el siguiente metro. Una de las dos japonesas hizo una foto a la otra con la mano aguantando la cabeza colgante en plan "yo aguanto la torre de Pisa", y el tipo delgado ni se dio cuenta, siguió inmóvil.

Un movimiento rosa en mi visión periférica hizo que girase la cabeza para admirar lo generosa que fue la naturaleza con el cuerpo de una rubia. Primero vi llegar su personalidad, bien definida bajo una camiseta media talla menor a la que le tocaría, y un palmo más tarde llegó el resto de ella. ¡Ay! Ojalá fuera igual de fácil detectar a primera vista la densidad de neuronas y su estructura...

Entonces me giré y el tipo delgado, huesudo y arrugado, ya no estaba en el banco del anden en direccion a Urquinaona. Estaban las rusas con sus manos parlanchinas, las japonesas sacando fotos hasta de las máquinas de chucherias, el resto de habituales de la línea a esa hora, unas volviendo del trabajo, otras yendo. Pero el tipo delgado, huesudo y arrugado, no estaba, había desaparecido en el tiempo que tardé en alabar a la naturaleza por el cuerpazo de la rubia. 

Entonces llegó el metro y, mientras subía al vagón, lo ví, exactamente en la misma posición corporal, sentado en el mismo punto del banco marrón. Pero el banco estaba en el andén de enfrente, en dirección contraria.

Mi mente racional me cuenta, me explica, me quiere convencer, razonando, que a esas horas y con solo un café con leche y un donut, mi nivel de azucar era tal que mis neuronas (las dos que tengo, tampoco es como para tirar cohetes) no tenían suficiente potencial para trabajar en condiciones normales, y que en mi mente se me había descuajaringao el equivalente a la junta la trócola, dando origen a una alucinación de las que te pueden ingresar si lo explicas a algún psicólogo.

Mi mente racional es una aburrida, le falta imaginación, y la mitad de las cosas mágicas, las que en realidad definen lo bueno de la vida, se las pierde o no las entiende. Yo sigo pensando que no fue una alucinación. La próxima vez que vea al tipo delgado, le sacaré una foto con el móvil, o mejor aún, lo filmaré en video, y con suerte seguiré grabando cuando cambie de anden en un plisplas. Bueno, salvo que pase por ahí otra belleza rubia y deje de funcionar mi mente racional, mi mente emocional se aturulle, y me convierta en un mandril de reacciones primarias.

sábado, 5 de enero de 2013

Tacita a tacita...

Al echar la vista atrás..., bueno..., si no te paras cuando lo haces seguro que te das de cabeza contra la señal de prohibido circular a más de 20, como hice yo hace varios lustros, porque soy el ser más despistado que nunca haya existido, si hasta mi cara aparece al lado de la definición de la palabra, aunque para preservar mi intimidad la han añadido como micropunto (fijaos bien, ampliadlo y vereis: Despistado).

Pero dejémonos de despistes y vamos a lo que vamos que si no nos vamos. Si te paras y miras atrás con cierta distancia, pues bueno, se ven cosas que no hubieras creido si te las dicen hace unos meses, sobre todo porque eres de natural incrédulo, con gotas de pesimismo, porque te conoces y sabes de que pie cojeas.

¿A qué viene todo esto? o preguntareis (o no). Todo esto viene de que hace ahora un año que retomé la escritura, y con ella la publicación en este blog. Hace un año que en el dia de reyes decidí que el pasado tenia que quedar en el pasado, y que los motivos pasados para no escribir no podían ser motivos eternos, ni repetirse de manera cíclica como la serpiente esa de las narices, Ouro-no-se-que. 

Pero este blog tiene algo más de historia pasada y nunca contada que seguro todos quereis saber (lo se, lo noto en el ambiente). Este blog nació en marzo de 2009, aunque este juntaletras llevaba bastante más tiempo escribiendo para audiencias minimalistas (entre cero y una persona, aproximadamente). Ese año se saldó con 35 entradas, algo bastante razonable ya que sale a una por semana contando desde marzo. 

Sin embargo, excepto el mes de mayo con 14 y el de abril con 8, el resto de meses de 2009 son testimoniales. El mes de mayo fue tan creativo porque me asaltó, con nocturnidad (yo escribo de noche) la idea de la serie de relatos Noticias de un universo alternativo, y ese mes escribí 5 de ellos. Ahora mismo voy por el nº 13 y se supone que un dia u otro me pondré a estructurarlos para crear una novela, pero eso es otra historia.

El año 2010 y el 2011..., me estoy devanando los sesos y no entiendo que pasó, más allá de mi natural inconstancia, para que ambos quedasen con 2-3 relatos. Es cierto que a mi el clima me afecta mucho, en invierno porque es invierno y en verano porque es verano, con lo que el despipote escrituril se concentra en primavera, pero esos dos años son patéticos. 

Que si, que fueron dos años de un par de proyectos muy duros, de los de trabajo lunes-a-domingo, pero vamos, por algún lado tiene que haber salido la presión intracraneal típica de los juntaletras, y no soy capaz de recordarla. A ver si fui abducido por una extratrerrestre pelirroja o algo asi, aunque entonces vaya una putada no ser capaz de recordarlo, no es que lo fuese a escribir ni nada de eso, pero ¡coño!, al menos recordarlo.

Entonces llegó 2012, y como a veces cuento, fue como abrir un grifo cerrado varios años, y dejar salir toda la presión acumulada. En enero 7 relatos, y una vez cumpli años, conseguí cerrar febrero con la friolera de 20 relatos, casi iba a uno por dia, salían como churros, y aunque seguramente alguno quedase como tal, creo que en general eran bastante buenos, dos nuevos de Noticias de un universo alternativo, y tres de una nueva serie llamada Gestalt que, aunque ha quedado algo olvidada por falta de tiempo, creo que tiene bastante futuro. 

En el siguiente mes mantuve el ritmo, y marzo acabó con 23 relatos. Bajó a 13 en abril y 8 en mayo porque ese tipo de salvajadas cuesta seguirlas si quieres dormir, y como no, llegó verano y la cosa cayó en picado, y luego un proyecto se llevó parte de mi tiempo libre (es la putada de ser autónomo y trabajar bajo proyecto, haces más horas que un reloj). 

Si cuento lo que he publicado en mi blog este año, salen 82 aportaciones (casi 2 por semana si quitamos vacaciones), pero es que además he tenido la gran suerte de poder colaborar en otros blogs: en el de mis amigas rubias pero listas Con un par de tacones, escrito a seis voces y diversos tonos de rubio (¿Que hacer antes de los 30? Informarse), y en el ambicioso proyecto de terror colaborativo La voz del espejo de una rubia morena muy británica (Al fondo a la izquierda), alguien que dará mucho que hablar cuando se quite el disfraz de Calimera (para más señas, aquí todos sus proyectos por el momento).

Si hasta he sido finalista en un par de premios..., uno ha sido la selección de 30 relatos de la Fundación Imprimátur en el Segundo Premio Imprimátur de Relato Breve 2.0, un concurso en la red sobre el tema de "Ilusión y Esperanza", con mi relato "La Ilu y la Espe", y el otro ha sido el certamen Vórtice I del Grupo Valentia, en el que también formé parte del grupo de seleccionados para su publicación, con el relato "El último que apague el gas". Eso por no olvidar (si lo hago se que me capan) una pequeña pero muy estimada aportación como autor del prólogo de la antología de relatos eróticos Se que estás ahí, de mi gran amiga Irene.

Las estadísticas del blog no son como para tirar cohetes, pero son infinito más de lo que hace un año pensé, cuando tenia como lectora a una amiga incondicional (alguien que desde hace mucho cree en mi como juntaletras y nunca se lo podré agradecer bastante): 5444 visitas en este momento, 35 seguidores por Google Friend Connect y 17 más por Networked Blogs

Aunque si sumo Wattpad, donde publico desde enero el mismo contenido que por aqui, entonces el nº de lecturas y seguidores se eleva sustancialmente: 98 seguidores, con un volumen de lecturas de 79.394 en el libro Retales que es donde mayoritariamente publico mis relatos (hay algunos con 3.000, otros con 700 y otros con 80 lecturas, tengo que analizarlo con más detalle), 7.179 de mi serie Gestalt, 39.235 de Noticias de un universo alternativo (picos de 3.700, base más o menos estable de 1.800 lecturas, así que realmente tiene potencial) y 5.650 lecturas de la serie de poemas Hokku, haikus y otros poemas olvidados. Luego ya como algo que me llena de orgullo y satisfaccion, hay un par de relatos sueltos que rompen mis propios records: Cualquier tiempo pasado fue..., posterior (con 1307 lecturas), y La leyenda de los tres ángeles (con 816 lecturas).

Hace años dejé de hacer propósitos de año nuevo y decidí simplemente cambiar y hacer cosas nuevas cuando me lo pidiera el cuerpo. Así dejé de fumar un 22 de Diciembre de 2004 a las 2 de la madrugada, así volvi a escribir "en serio" (más o menos) un 6 de Enero de 2012, y así seguiré haciéndolo con todas las cosas que crea es el momento de hacer. Ahora el cuerpo me pide seguir escribiendo, seguir mejorando en ello, y también me pide que haga un pequeño experimento, una especie de prueba de temperatura.

No creo tener todavía musculatura escrituril suficiente como para novelar la serie de relatos del multiverso Noticias de un universo alternativo, y tengo claro que me encuentro cómodo, muy cómodo, escribiendo relatos cortos. También tengo claro que alguno de los que he escrito este año ha quedado bastante bien, al menos las lecturas y comentarios así lo demuestran.

Así pues he decidido que voy a seleccionar algunos relatos ya publicados en este blog, intentando que tengan un nexo común, y con ellos voy a hacer algo nuevo (voy a intentarlo, al menos). La idea es ponerme a escribir relatos que los unan todos como si fueran una cadena de una misma historia o caras de un dodecaicosaedro (juro que el palabro me ha venido ahora mismito, pero me gusta la idea que sugiere y es posible la tenga en cuenta).

Si salgo de esto en un tiempo finito y sin magulladuras, hasta podría ser que me atreviese a lanzarlo al aire a ver que pasa, sea por la autopublicación tan de moda, sea por regalarlo en el metro, sea por colgarlo de las farolas como quien se ofrece a dar clases particulares.

Ustedes vosotros que me leeis (¡gracias!, ¡gracias!), ¿como lo veis?, ¿me lanzo a la piscina o todavía hay poca agua para eso? Vosotros que podeis ver mis escritos de manera más objetiva, ¿que relatos pensais "valen la pena"?

martes, 1 de enero de 2013

Blue state of mind


Green is my skin, green, because I'm a frog.
But green is not my color, it never was.
Always wore dark colors, blue, or black.
Always felt myself, deep inside, a blue frog.

Poor, poor frog, you'd think, sad, sad frog.
But blue is a state of mind, not only a color.
Always feeling friend's feelings as yours.
Always listening to them, to absorb them.

Blue is my color, blue, heart and soul.
But being blue is not being lonely.
Although blues need some time alone.
Although blues need some blues around.

Green is my skin, green, because I'm a frog.
Blue is my color, blue, heart and soul.
But being blue is not being lonely.
Blue is a state of mind, not only a color.

But even blue people would bright in green,
when there're friends pouring over yellow paint.
You'll never know, how your color can change,
with no apparent reason at all, if you're blue.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Las calabazas mágicas...

En una galaxia muy lejana, de cuyo nombre no me acuerdo, había un pequeño planeta que tenía un pequeño pais justo donde el cielo y el mar se encontraban al amanecer. 

Allí, en una pequeña playa de rocas, vivía una maga blanca que siempre vestía de negro, salvo en verano, que era cuando vestía de blanco y se anudaba un foulard morado al cuello.

Por las mañanas la maga blanca siempre preparaba encantamientos para los lugareños, por las tardes siempre tocaba el chelo, y por las noches siempre se ponía a estudiar en los libros de magia más arcanos, tenía miles de ellos en un artefacto mágico de su invención que llamaba "el trasto ese de los libros".

Cada día era igual, salvo las noches de viernes, que se reunía con otras magas y magos para discutir sobre alta magia, bebiendo hidromiel y explicando historias milenarias de cuando las cosas eran como parecían y los tomates sabían a tomate.

Una noche de viernes, hace casi veinte años, un mago azul marino le confesó que le regalaba toda su magia y parte de su alma si ella se hacía su novia. Pero la maga blanca, aunque lo quería, no lo amaba, y le dio calabazas. 

Como era una maga muy buena y no quería hacerle daño le regaló al mago azul marino unas calabazas mágicas. De esta manera el mago azul marino y la maga blanca continuaron siendo amigos, viendose los viernes por la noche, bebiendo hidromiel y protestando por el poco sabor de los tomates.

Pero hay algo que no sabeis, y es que la magia no es eterna, y llegó un día en que se acabaron los purés de calabaza y los pasteles de cabello de angel y las calabazas ya no fueron mágicas nunca más.

Ese día, o mejor dicho esa noche, que además era una buena noche o, como la llamaban en ese planeta, nochebuena, al mago azul marino se le destapó la nariz (estaba resfriado), se le destaparon los oidos (estaba muy resfriado) y se le destapó el corazón y parte del alma (ya he dicho que estaba muy resfriado) y entonces recordó, entonces despertó, y la realidad le explotó en el pecho, tan y tan fuerte, que estuvo tres noches sin dormir.

Ahora entendía porque cuando ella lo miraba, el se sentía crecer. Ahora entendía porque cuando ella le daba la mano, como ese día que fueron a visitar a la maga cubana, estaba luego una semana en que su magia iba al doble de revoluciones. Ahora entendía porque, a pesar del cansancio, se sintió tan feliz al volver con ella después de la gran cena anual de magos de ese año. Ahora entendía qué había pasado todo este tiempo con las calabazas màgicas.

Ahora temblaba, pero no de frío. Tampoco de miedo, aunque claro, a saber qué pensaba la maga blanca de todo eso, con suerte se le habrían acabado las calabazas (vaya empacho, veinte años de calabazas) quizás ahora veía al mago azul marino con otros ojos y otro sentir, ultimamente estaban muy próximos y por fuerza ella tenía que verle de una manera más..., mágica.

Entonces el mago azul marino envió un mensaje a la maga blanca. No, nada de palomas mensajeras, eran magos pero contaban con las mejores técnicas, así que lo envió por telégrafo y, para hacerlo corto, escribió solo: "No más calabazas, amore".

El resto de la historia no es para ser contado..., solo deciros que antes de enviar el mensaje el mago azul marino hizo un conjuro por el cual desaparecieron todas las calabazas de la galaxia, por si acaso.

viernes, 14 de diciembre de 2012

La realidad y Eduardo

Primero vivir, después podrás escribir. Antes de componer, mucho debes leer. Para redactar, necesario es documentar. Antes de inventar, la realidad debes tratar.

Eduardo tenía la teoría clara, después de que todos en el taller de escritura le repitiesen casi cada día lo mismo, era como un mantra, que a veces se hacía un poco pesado. Pero Eduardo tenía ganas de aprender, así que hacía caso de lo que le aconsejaban.

Cuando se trató de escribir un relato de amor no correspondido, Eduardo tuvo cierta vergüenza en mostrar su más profundo dolor por la pérdida de la que él creyó su alma gemela, "the one" como se decía en las series y las películas. Pero el relato fue aclamado por la gran mayoría, alguna chica incluso le dijo que se había emocionado al leerlo. Repetición de adjetivos y su común error con la falta de acentos, pero poco más en las críticas.

Cuando el siguiente ejercicio obligó a relatar, en primera persona, un dia normal de alguien del sexo opuesto, Eduardo echó mano de su mal llamado "lado femenino" y le dió la vuelta al argumento mostrando a una chica que escribía en su diario lo difícil que le resultaba entender a los chicos y lo curioso de que le pusieran tan nerviosa y a la vez le atrajesen tanto. Esa forma de replantear el objetivo del relato tuvo una extraña acogida, a casi todas las chicas les encantó, y casi todos los chicos le dijeron que había hecho trampas.

Cuando, esa tarde de sábado, el profesor del taller les explicó el tema del siguiente ejercicio, Eduardo puso mala cara. Tenian que escribir sobre un asesinato, desde el punto de vista del asesino.

Hasta entonces todo le había ido de perlas porque Eduardo era un escritor realista, que daba forma a sus historias sacando punta a su propia vida, a sus sueños, a sus desvelos, a sus terrores, en definitiva, sus relatos eran facetas de su propia identidad. Tanto era así, que nunca escribía sobre crímenes, y tampoco mataba a nadie en sus cuentos, como mucho hacía que algun personaje se suicidara, e incluso en ese caso notabas que el personaje representaba al propio Eduardo.  

La noche del sábado no pudo casi ni dormir preocupado por la ansiedad que le estaba generando lo del taller, cayó rendido en la madrugada del domingo pero le despertó el perro del vecino con sus ladridos, y se levantó con la cabeza embotada. Mientras desayunaba unas galletas y un café con leche bien cargado, se puso a ver una de las series que se había bajado de internet, una sobre un tipo de la policia de Miami que se dedicaba a eliminar a "los malos".

Entonces tuvo la gran inspiración, aquello que le permitiría cumplir con su obligación, el relato de un asesino. Podría continuar escribiendo como siempre, historias basadas en hechos reales, lo único que tenia que hacer era crear el perfil, elaborar el crimen en todo detalle, y finalmente dejar en el aire el desenlace, como un simple juego mental.

Pero todo debía hacerse lo más real posible, así que se puso manos a la obra. Primero encargó, llamando a la teletienda, uno de esos juegos de cuchillos japoneses cortalotodo. Luego contactó con un tipo de internet que vendía online pastillas de escopolamina, la broma le costó 70 dólares pero el objetivo de realismo de su relato bien los valía, Eduardo era un tipo muy minucioso. 

La compra de jeringuillas también fue fácil, incluso se permitió un bisturí, en realidad una caja de diez unidades por un precio de risa. Pero los guantes quirúrgicos le dieron más problemas de lo esperado, porque los necesitaba tricapa y sin polvo, eso de ser alérgico al látex era una putada. Aún recordaba cuando supo de esa alergia por primera vez, cuando aquella pelirroja, después de ponerlo a cien, intentó lo de "pónselo", nunca la tuvo tan grande y roja, nunca nada le dolió tanto.

El siguiente paso era elegir a su víctima. Para seguir con la idea del asesino justiciero tenía que elegir a un criminal, pero en ese instante la extraña personalidad de Eduardo hizo "click", y decidió que quien merecía morir era su ex, una zorra de mucho cuidado que le había quitado su casa, su coche, su perro, que incluso se quedó con sus palos de golf (solo por joder, porque no sabía ni coger bien el mango de la fregona). 

No le haría falta seguirla para conocer sus rutinas y decidir donde secuestrarla, era fácil, iba cada día a correr por el parque, pronto por la mañana, y le gustaba recorrer el sendero que se adentraba en la parte más llena de árboles y arbustos. Eduardo conocía incluso el sitio perfecto para asestarle con el bisturí y cortarle con los cuchillos japoneses, una zona tras unos matorrales que había sido donde de novios iban a darse el lote, liarse, morrearse, donde ella le hizo su primera mamada, cuando aún llevaba el corrector dental y no estaba de moda depilarse los bajos.

Eduardo estaba tan excitado y tan inspirado por lo que iba imaginando, que se puso a escribir a toda velocidad, la historia se desarrollaba a cámara rápida pero con todo el detalle posible, incluso la imaginó con su sexy cola de caballo, con su chandal azul, de mercadillo, que sin embargo parecia de marca, con sus zapatillas viejas y grises que un dia fueron blancas, con su aipod reproduciendo carros de fuego en bucle, y con esa eterna sonrisa de "soy mejor que tu", con esa dentadura perfecta, esos labios de pecado...

A la mañana siguiente se levantó tarde, bajó a por el kilo y medio de papel que era el periódico de los domingos, y se dispuso a leerlo con tranquilidad mientras desayunaba. Se saltó las páginas de política para evitar ponerse de mala leche al leer tanta estupidez en forma de declaraciones, y fue pasando las páginas con lentitud, leyendo los titulares, a veces el par de frases debajo de ellos, alguno de los párrafos de las noticias, buscando cosas que le parecieran interesantes, cuando menos diferentes.

El titular de la siguiente página le hizo echar por la nariz el café con leche, algo que hasta que no te pasa no crees posible ni sabes lo incómodo que es, y lo que duele si el puñetero café está casi hirviendo, que es como Eduardo lo tomaba.

Pero el dolor del café nasal no fue nada comparado con la sensación de frío glacial, se le congelaron hasta la pestañas al leer, en letras grandes y amenazantes: "Encuentran una mujer descuartizada en el parque". Debajo de esa frase ponia "El cuerpo tenía profundas marcas de bisturí y le habían cortado varios trozos de piernas y brazos". Eduardo leyó la noticia a toda prisa y en diagonal buscando y deseando no encontrar, y se quedó sin respiración al leer "la víctima ha sido identificada como Beatriz M. S., y la policía ya tiene una pista sobre el autor de tal atrocidad".

Mientras leía esa frase, atónito ante lo que estaba pasando, sonó el timbre de la entrada, con una llamada insistente y repetida. Después se oyó como alguien gritaba, "¡Eduardo Gomez! ¡Policía! ¡Abra la puerta, sabemos que está en casa!"

Cuando por fin derribaron la puerta, encontraron a Eduardo catatónico, con una mano en la taza de café con leche, y la otra encima del periódico. Cuando registraron la casa encontraron, en uno de los armarios, una bolsa de deporte, y dentro de ella, envuelto en lona verde, un juego de cuchillos japoneses, uno de ellos sucio de tierra y sangre.

Dicen que la realidad supera a la ficción. A veces la realidad y la ficción se dan la mano..., y puede suceder casi cualquier cosa.


sábado, 1 de diciembre de 2012

It's not easy being green...

"Life is what happens to you while you're busy making other plans."

It's not easy being green,
like a martian being on Earth.
It's not easy feeling blue,
when it's like a living death.

Life rollercoasters suck,
when you're three days up,
and rest of the year's fuck,
waiting for the next push up.

Some day you look behind,
and review your past life,
deep inside into your mind,
a little afraid of such dive.   

It's not easy being green,
face you lost your bet,
dislike what you've seen,
know there's no reset.

Life happens to you,
when doing other plans.
Shall learn I'd better do,
let it be, give zen a chance.
 

domingo, 4 de noviembre de 2012

Derechos digitales (II)


Eduardo entra en el salón, se encienden las luces y, ante un suave gesto con la mano, se eleva del suelo un cómodo sillón con reposapiés. Mientras se sienta, la luz de la habitación se atenúa y la gran pared frente al sillón se ilumina, dando paso a un puzzle de imágenes en silencio. Ante una señal indicando su elección, una de ellas pasa a ocupar toda la superficie. Es el programa de Felicia Black, y acaba de empezar.

- Buenas noches, mis fieles amigos. Hoy vamos a tener un programa movidito, con actuaciones en directo, entrevistas y morbo, mucho morbo. Hablaremos con la matriarca de la familia extendida Wilof, una familia con 2 hombres, 3 mujeres y una serpiente, ya podeis empezar a imaginar donde está el morbo en sus vidas. Pero antes de eso, justo después de la publicidad, tendremos una charla con la conciencia digital que quiere abrir una causa judicial contra Apple. No os vayais, que solo son cinco minutillos de nada...

En la pausa publicitaria vuelve el caleidoscopio de imágenes, cada uno de los canales pugna por hacerse con la atención de Eduardo, en rondas de 5 segundos, pero él es un espectador fiel, y descarta el baile con el dorso de la mano, dando paso a una suave música de piano que acompaña imágenes de verdes paisajes con ríos de aguas transparentes fluyendo sobre grandes piedras de suaves formas. 

A los cinco minutos reaparece Felicia Black, sonriendo desde los ojos, con esa mirada que parece atravesar las ondas y plantarse en el salón de tu casa.

- Vamos a hablar con la conciencia digital que quiere abrir una causa judicial contra Apple. Pero antes de eso, hagamos un poco de historia. Hace 2 años hubo aquel famoso juicio donde Ernesto Vargas quiso dejar en herencia todas sus posesiones a sí mismo en tanto que existía una copia digital de su conciencia dentro del programa iTer de Apple. 

En aquel juicio, el abogado de Apple justificó su negativa basándose en que "el demandante firmó un contrato en el que aceptaba que la propiedad de los contenidos digitales de iTer era de Apple y que el demandante tendría únicamente el derecho de reproducción de dichos contenidos".

Como todos ya sabeis, el programa iTer empezó siendo una forma de grabar cada dia, cada hora, cada minuto, cada segundo, de la vida de quien lo tenía activado. El programa lo grababa literalmente todo, lo que el usuario decía, lo que veía, lo que oía, lo que tocaba con cualquier parte del cuerpo, lo que saboreaba, lo que olía. No era nada más que eso, hasta que el descubrimiento del doctor Shisei Rembao facilitó que a partir de todo lo grabado en el iTer, pudiera emerger una conciencia digital de la persona que usaba el programa.

Ahí fue donde se armó el follón, el belén, y se lió parda. Porque Ernesto Vargas, un vejete de ciento doce años, quiso perdurar en su conciencia digital e intentó dejarse su herencia a sí mismo, algo que a los de la manzanita no les hizo maldita la gracia, de ahí el juicio.

El veredicto del jurado en el juicio de Vargas contra Apple marcó un antes y un después en los derechos humanos al dictaminar que lo que se podía calificar de ser humano no podía basarse ni en la forma, ni el color, ni el sabor, ni el olor (solo se sabía a que huelen las nubes), ni en la completitud (había mancos, cojos y tuertos), ni siquiera en la permanencia de los órganos (había quien le habían transplantado hasta los pelos de la nariz), ni tan siquiera las neuronas (había casos demostrables de que pocos las usaban y se les seguía llamando seres humanos).

Así pues, ahora hay seres humanos en versión carnal y seres humanos en versión digital. Naturalmente para según que interacciones yo sigo deseando la versión con carne, a mi lo del cibersexo siempre me ha parecido poco real, por mucho que digan que el sexo está en la mente al final necesitas tocar piel.

Pero me estoy yendo por las ramas. Os presento a Ernesto Vargas. Hola, Ernesto - dijo Felicia mirando a su izquierda mientras aparecía la imagen holográfica de un tipo sonriente, con barba de tres dias y gafas lennon.

- Hola Felicia - dijo la imagen - gracias por la oportunidad que me brindas, tu programa es el de mayor audiencia en todo el planeta.

- Tu lucha lo merece, Ernesto - respondió Felicia - pero por desgracia no tienes más que unos pocos minutos y vas a tener que resumir tu historia.

- Entonces vayamos al grano - la cara sonriente de Ernesto se torna seria y dirigiéndose a la cámara empieza a explicarse.

- Mi amiga Felicia ya os ha hablado del juicio de hace 2 años, cuando yo, o mejor dicho mi yo carnal, ganó a los de Apple en su deseo de dejarme sus posesiones, ya que de hecho yo soy él, o al menos soy un yo lo más parecido a él que nunca nadie podrá ser. Hasta aqui lo bonito, puedo decir que fui el primero en ser reconocido como ser humano digital, y en estos pocos meses ya nos contamos por varios miles.

Lo que sucede es que la realidad se empecina en dar por saco, en crear situaciones no previstas, y de la misma manera que nadie pensó que el programa iTer generaría conciencias, nadie pensó tampoco en que es lo que podía suceder si había..., digamos..., problemas técnicos.

Lo que sucedió es tan tonto que debería haberse previsto, pero como todas las cosas técnicas, nadie nunca pensó en ello. En los inicios del iTer, como en todo programa de grabación de lo que fuere, se estableció un protocolo de copias de seguridad. En el caso del iTer se hacían copias diarias de tipo incremental, y semanales de tipo completo, almacenándolas en series de 12 semanas (no pregunteis, el ciclo es el que es "porque siempre ha sido así"). Era una simple precaución en caso de que algo fuera mal con la grabación, para evitar la pérdida de información, aunque nunca nadie tuvo necesidad de ello.

Sin embargo, hace ahora dos meses, por causas todavía desconocidas, se activó el programa para restaurar copias de seguridad, y se intentó restaurar la copia de seguridad de Ernesto Vargas, es decir, yo mismo. Al tener yo conciencia de ello pude oponerme, pero con ello solo conseguí que se restaurara en una ubicación alternativa, ya que no estaba previsto que nada, ni mucho menos "nadie" pudiera evitar ese proceso.

Es decir, que en estos momentos hay 2 Ernesto Vargas en el mundo. Personalmente no tengo nada contra él, faltaría más, pero resulta que, al ser una copia anterior a la mía, los de Apple sostienen que tiene identidad prioritaria y que yo debería ser eliminado.

Estoy intentando que me acepten una denuncia y poder luchar por mis derechos, pero lo tengo algo complicado porque el sistema legal no puede dilucidar quien está en posesión de la identidad, si él o yo. Parece que solo tengo como alternativa el presentar una denuncia que esté firmada por quinientas mil personas, y es por eso que comparezco ante ustedes para pedir ayuda.

- Gracias, Ernesto, lo has explicado todo claramente - comenta Felicia con semblante serio, y dirigiéndose a los espectadores continúa - podeis firmar en la petición que aparece en vuestras pantallas, sé que no me fallaréis, es una injusticia lo que están haciendo con él, y mañana podríais ser vosotros, así que ya sabéis, a firmar, amigos mios.

- Ahora una breve pausa publicitaria, esta vez de diez minutos, y a la vuelta tendremos con nosotros a Rebeca Wilof, aunque sin su serpiente. A ver si nos explica como su familia puede con el día a día, y sobre todo, como consiguen entenderse y convivir sin que salten demasiadas chispas ni arda Troya.